Con el objetivo de que sus hijas consigan marido, las familias ceban a sus hijas. Los mauritanos llaman a este proceso de alimentación forzada gavage. Niñas con edades comprendidas entre los cinco y los catorce años son enviadas a unos campamentos denominados lebouh en los que se les obliga a ingerir unas 16.000 calorías al día. La dieta de las niñas se compone de leche de camello, mantequilla, mijo, dátiles, carne de cordero y cúscús aceitoso. Sería mucho más fácil engordar con restaurantes de comida rápida, pero como en Mauritania no existen las niñas deben beber entre 15 y 20 litros de leche de camello al día o comer dos kilos de harina de mijo mezclada con dos tazas de mantequilla.
Las encargadas de obligarles a comer son unas mujeres conocidas como guardianas. Si las niñas se niegan a comer las guardianas les obliga a hacerlo a través del dolor: les retuercen los dedos de los pies y de las manos o les pegan en la cabeza. Incluso si vomitan se les obliga a comerse lo que han devuelto para seguir sumando calorías. Una tortura muy utilizada es utilizar los palos zayda, se trata de dos palos de madera que se les ponen alrededor de los pies, apretándolos para causarles más daño.
Las guardianas estiman que el peso ideal para una niña de doce años es de 80 kilos. Esta sobrealimentación, que es un claro ejemplo de maltrato infantil, tiene consecuencias fatídicas para las mujeres. Un tercio de las mujeres mauritanas de 40 años tiene sobrepeso y el otro tercio obesidad. Las enfermedades cardiovasculares abundan y algunas niñas han muerto de pancreatitis aguda, complicaciones gástricas o incluso ahogadas por su propio vómito. La obsesión por engordar es tal que hasta se les han administrado a las niñas hormonas para subir de peso. Muchas familias solicitan la píldora anticonceptiva con la idea equivocada, que también se tiene en occidente, de que engorda.
El Gobierno de Mauritania está luchando a través de campañas informativas contra esta práctica. La población joven de las zonas urbanas parece concienciada, prefieren que sus hijas tengan un peso medio, pero la alimentación forzosa sigue teniendo un importante papel en el campo. El 70 por ciento de los mauritanos mayores de 40 años considera que el engorde de las niñas es necesario para el matrimonio. Incluso las mujeres mayores luchan por mantener a sus hijas inmensas.
Ni el culto a la delgadez ni el culto a la obesidad son beneficiosos para el ser humano. La cultura debería apostar más por una belleza saludable y natural y olvidar cánones artificiales.
Ni el culto a la delgadez ni el culto a la obesidad son beneficiosos para el ser humano. La cultura debería apostar más por una belleza saludable y natural y olvidar cánones artificiales.