sábado, 9 de noviembre de 2024

¿Quiero ser mamá?

Esta semana ha sido la fiesta del cine y hemos tenido el placer de disfrutar de películas muy buenas y profundas en cartelera.  He visto el Joker 2, a pesar de sus malas críticas, ahonda en temas como las relaciones tóxicas, el amor real en contraposición con la idealización y el verdadero yo. También he disfrutado de La Sustancia, filme que es brillante visualmente; como pocos que de verdad es obligatorio verlo en el cine para tener una experiencia completa; está muy bien hecho y trata de cómo la sociedad nos impone unos cánones de belleza imposibles de conseguir, para los que nos terminamos haciendo daño a nosotros mismos. Pero de la que quiero hablar es quizá la menos simbólica y la que menos presupuesto ha tenido de las películas que he visto esta semana: Salve María.

La vi en una sala pequeñita de los cines Renoir en versión original, en catalán. Este thriller de Mar Coll nos cuenta la historia de María, una joven y prometedora escritora y madre primeriza, que, cuando se topa con la noticia escalofriante de que una mujer francesa ha ahogado a sus gemelos de 10 meses en una bañera, se obsesiona con la idea de matar a su bebé.

Es una película de terror costumbrista y está muy bien que trate sin ningún simbolismo un tema tabú: la depresión post parto. Hay que decir claramente que muchas mujeres no sienten ese vínculo romantizado cuando sostienen a sus bebés que tanto nos venden las redes sociales. No se sienten realizadas, pierden su individualidad y se sumen en una gran oscuridad protagonizada por el miedo, la culpa y la tristeza. La sociedad les exige que sean de una manera y les culpa por no sentirse felices. 

Empiezo a ver a muchas mujeres de mi entorno que se quedan embarazadas y automáticamente empiezan a opinar sobre ellas. Algo tan íntimo como el nombre del bebé empieza a ser cuestionado, cuando este nace se pasa a criticar la forma de criar al niño y se pone en duda hasta lo que siente la madre. 

Es muy fuerte que en la película María esté preocupada porque su hijo no deja de vomitar la leche que ella produce. Todos le dicen que es normal y que no se altere. Al final resultó que tenía una mastitis. ¿Por qué no le hicieron caso? 

Ella le implora a su marido que se coja la baja de paternidad, mientras el otro le pide a ella que hable a su bebé. Pero cuando ella le da al niño un momento, él pasa del pequeño Eric y se pone a mirar el teléfono móvil. 

Estos pequeños factores, que se pueden resumir en la falta de escucha, si se hubiesen evitado, quizá habrían atenuado la depresión post parto de María. Tener un hijo es una decisión muy seria que trivializamos y romantizamos mucho. Un hijo es para toda la vida y debemos pensarlo bien. Hace unos años habría afirmado que quiero ser mamá si ninguna duda. Ahora me lo pregunto: ¿quiero ser mamá?