

Así, por ejemplo, se aprecia como en estas dos obras el ser humano se ha convertido en un esclavo de los productos que consume, en este caso los cosméticos, así como un parásito de la basura que genera.
Los personajes retratados han sido cosificados en estas y en otras obras de Ishida. De esta manera, se pretende dar cuenta del grado extremo de dominación de las tecnologías, que llevan al sujeto a un estado de alienación, así como la subordinación total a una nueva forma de esclavitud que no distingue entre el trabajo y el consumo.
En uno de sus cuadernos de apuntes y bocetos fechado en 1999 Ishida escribió: "Intenté reflejarme a mí mismo; mi fragilidad, mi tristeza, mi ansiedad; como una broma o algo divertido sobre lo que reír. Transformarme en objeto de risa, o de más tristeza. A veces era visto como una parodia o sátira de la gente contemporánea. Me expandí para incluir a los consumidores, los especuladores, los trabajadores y los japoneses. Las figuras del cuadro se expandieron hacia gente que puedo sentir".