Una película de culto es La Duda. Rodada en 2008 dirigida por Patrick Stanley como la adaptación cinematográfica de su obra de teatro, este filme, además de contar con las actuaciones magistrales de Meryl Streep, Philip Seymour Hoffman, Amy Adams y Viola Davis, ahonda en conceptos tan profundos como la presunción de inocencia, la compasión, la rigidez o la certeza sin pruebas.
La película empieza con el brillante sermón del padre Flynn a quien da vida Philip Seymour Hoffman. Habla sobre las dudas colectivas producidas por acontecimientos como la muerte de Kennedy, o la incertidumbre geopolítica y económica que vivimos hoy en día. Este sentimiento de desesperación compartida no es tan terrible como las dudas que se llevan en soledad, en silencio, las dudas que pueden hacer que una chica se plantee acabar con su vida, por ejemplo. Nadie entiende esa duda porque no se puede estar en la cabeza de esa persona. Pero teniendo dudas se puede seguir creyendo en Dios. Como ese marinero que sigue adelante aunque el cielo esté nuboso solo porque una noche vio claramente las constelaciones que le indicarían el camino a casa.
La madre Aloysius, interpretada de forma brillante por Meryl Streep, es una monja conservadora y estricta a quien el discurso acerca de la duda del cura le hace desconfiar. Pide a la joven hermana James (Amy Adams) que esté alerta a lo que pueda pasar con el sacerdote.
El padre Flynn llama al primer y único alumno negro que hay en el colegio católico para conversar con él. Están bastante tiempo juntos y la hermana James descubre al sacerdote metiendo la camiseta del chico en su taquilla. Eso, y que el chaval se comporta de una manera extraña tras haber hablado con el sacerdote sumado al hecho de que el aliento del chico huele a alcohol, provocan que la hermana James que le transmita sus inquietudes a la hermana Aloysius.
Sor Aloysius, aunque cuadriculada e incomprendida, muestra mucho cariño por las demás hermanas, protege a una monja mayor que se está quedando ciega de la expulsión, impone miedo a los chiquillos pero sus castigos son siempre muy ligeros y mantiene el orden asegurándose de que los niños y adolescentes se muestren respetuosos en clase y en la iglesia. Sí, es inflexible, pero mientras que las monjas comen en silencio, en un entorno seguro y pacífico, los sacerdotes, ensucian todo mientras se ríen escandalosamente de una mujer gorda que se queja de su hija entrada en carnes.
La hermana Aloysius no duda, tiene una de esas certezas que no necesitan pruebas. Como cuando te enamoras por primera vez o como cuando sabes que Dios existe. La hermana Aloysius sabe que el padre Flynn se comportó de forma inapropiada con el alumno Donald Miller. Sor Aloysius y Sor James interrogan al sacerdote y él lo niega todo, dice que habló con el chico porque este había sido descubierto bebiendo el vino de misa. La hermana Aloysius no se lo cree y los indicios pesan como pruebas en su convencimiento. Indicios como las uñas largas del padre, la forma en la que le ha visto interactuar con los alumnos, el hecho de que se ponga hasta tres terrones de azúcar en su té o su deseo por incluir canciones no necesariamente religiosas en la fiesta de Navidad.
La hermana Aloysius habla con la madre de Donald Miller y esta le confiesa que el padre del niño le pega palizas debido a sus inclinaciones y le ruega que no le meta en ningún problema ya que necesita que Donald termine el curso escolar para tener mejor opción de ir a un buen instituto.
Pese a sus fuertes deseos, la hermana Aloysius no mete al chico en problemas, pero confronta al padre Flynn de manera muy dura. La fe en esa creencia sin pruebas la lleva a mentir, a decirle al padre que una monja le confesó sus malas artes en un colegio anterior. El sacerdote decide marcharse después de esta confesión.
En el final de la película vemos a Sor James y Sor Aloysius hablando, y aunque la hermana Aloysius se muestra al principio de la conversación convencida de que tenía razón y que el padre Flynn lo hizo, finalmente se derrumba y confiesa que tiene muchas dudas. Y quizá sea porque esa certeza tan fuerte no provenía de una verdadera fe sino de una herida. De las ganas de tener razón y de controlarlo todo.
Tenemos dudas del mundo que nos rodea y de nuestro propio mundo interior. También tenemos certezas que pueden sostenerse en heridas, como que la culpa de todo la tiene un tercero. Sin embargo la Fe es la del marinero que sigue adelante, a pesar de sus dudas, solo porque un día vio las estrellas.
Feliz Semana Santa.