En el Nuevo Teatro Alcalá, situado en el barrio de Salamanca de Madrid, se puede disfrutar del musical Matilda. La dirección de este espectáculo corre a cargo del virtuoso David Serrano. El escenario y la sala están magníficamente decorados y además se permite a la audiencia comer mientras disfruta de la actuación.
La caracterización de los personajes y la actuación de los actores consiguen transportar al espectador al libro del gran Roald Dahl. Este autor tan especial narra historias de fantasía para niños y, sobre todo, mucha crueldad. Es muy llamativo lo poco que quieren los padres de Matilda a su hija o el hecho de que la directora del colegio encuentre su vocación en torturar a los alumnos, sobre todo a los más pequeños.
Otro punto fuerte del musical son las coreografías. Toni Espinosa, el coreógrafo, ha hecho un trabajo increíble con los bailes, especialmente en la escena en la que la señora Wormwood, la madre de Matilda, practica para el concurso de bailes de salón.
Los más fieles al libro son los señores Wormwood. En cambio, la directora, la señorita Trunchbull, me parece menos cruel que la que me encontré en la novela y Matilda más repelente.
Sin embargo, lo que me ha faltado en este musical es la relación tan bonita que desprendían en la novela Matilda y su profesora, la señorita Honey. Ambas tenían una gran conexión y la profesora estaba deseando adoptar a su alumna. Por el contrario, en el musical la señorita Honey se sentía obligada por ayudar a Matilda, pero no parecía que este fuera su deseo.
Además, Matilda es una niña mágica y su magia no es demasiado palpable en la obra, salvo en un par de ocasiones. Cuando leí la novela, lo que más me llamó la atención fue la inteligencia de Matilda y los poderes que ella tenía; sin embargo, en el musical lo que más me ha impactado ha sido la crueldad de los padres de Matilda con su hija y de la directora con sus alumnos.
Y es que, realmente, ese es el verdadero mensaje de Matilda y de muchas novelas de Roald Dahl, existen adultos crueles. La infancia puede ser una etapa terrorífica en la vida de las personas aunque muchos se empeñan en mostrarla idílica y los niños tienen que utilizar su ingenio para solucionar sus problemas sin necesidad de acudir a los adultos.