domingo, 31 de enero de 2016

“Por la crisis no me conceden más exposiciones”



El escultor, académico y premio de artes plásticas Julio López Hernández expone en el Thyssen

Julio López, escultor del realismo nacido en 1930, abre las puertas de su taller. Su estudio está compuesto por tres pisos llenos de sus esculturas en su mayoría de bronce. Destaca un Cristo con el ceño fruncido y el Retrato de Juan de Villanueva, una escultura que se puede ver frente al Museo del Prado. Julio López informa de nuevos proyectos además de la exposición en el Thyssen, como son otra exposición en la academia de Bellas Artes y la edición de un libro. También habla de sus obras, de su familia como inspiración, de sus años como académico y del futuro del arte. Responde con una sonrisa a muchas de las preguntas, ante otras suspira y en algunas se ríe. Se define como un hombre activo a pesar de su edad y de su mano que está escayolada debido a una operación en los ligamentos. También es un hombre ocupado, a mitad de la entrevista le informan de que al día siguiente debe acudir al Museo Thyssen-Bornemisza para tratar algunos asuntos relacionados con su exposición.

Pregunta: Este invierno usted expone en el Thyssen. ¿Cómo se siente ante este nuevo reto?
Respuesta: Siempre es un orgullo y una satisfacción que un museo exponga la obra de un artista. Un museo tiene una proyección social mucho mayor de la que tiene una sala de exposiciones y eso contribuye a la consagración del autor de las obras. Llevo mucho tiempo sin exponer en Madrid. Por la crisis no me conceden más exposiciones. Está exposición no será completa, es una exposición colectiva y estaré presente en la misma medida que lo estarán los otros artistas, pero también quiero, si es posible, exponer algo más en la academia de Bellas Artes.
P: ¿Cómo será esta exposición en la academia de Bellas Artes?
R: Quiero completar la exposición del Thyssen con otra que está diseñando mi propia hija, Marcela, de forma que lo que no esté expuesto en el Thyssen estará expuesto en el otro lado, y aún me quedarán cosas sin exponer. Yo creo que con esas dos exposiciones puedo estar más que contento, además me ilusiona mucho porque se lo voy a dedicar a mi mujer, Esperanza.
P: Su mujer es muy importante para usted aunque ya no esté. ¿Le ha inspirado para realizar otros proyectos?
R: Sí,  cuando mi mujer murió y me quedé solo me puse a escribir y voy a publicar un libro, se va a llamar Notas a pie de obra. Van a ser comentarios sobre mis propias obras, pasadas, presentes y futuras y sobre lo que yo sentía al realizarlas.
La escultura que Julio López tiene detrás de la silla en la que está sentado destaca. Es una escultura de bronce que representa a un hombre vestido con ropa holgada y un pañuelo. La figura mira hacia la derecha con una expresión relajada mientras sostiene en la mano derecha un sombrero y en la izquierda útiles de pintura. Es una escultura que se puede contemplar frente al Museo del Prado, es el Retrato de Juan de Villanueva.
P: Usted ha esculpido obras que se pueden encontrar dando un paseo como el Retrato de Juan de Villanueva que está en frente del Museo del Prado y también aquí, en su taller. ¿Qué desafíos propone exponer al aire libre frente a exponer en un museo?
R: Exponer al aire libre es difícil, para mí supone una controversia. Prefiero exponer en la intimidad. Mis obras están hechas para una convivencia cerrada y protegida, no para estar a la intemperie. Es una escultura que necesita la interioridad, la aproximación muy física con el autor. En el exterior se alejan un poco las obras del autor, pero por otro lado, exponer en el exterior tiene una gran proyección sobre la sociedad. La calle tiene el reto de no ser una cosa íntima ni cercana, pero debe captar la atención de la gente paseante que no ha ido a buscarla, la gente que visita exposiciones y quiere comprar, busca la obra, los paseantes se la encuentran. La obra en la calle no está protegida, está a la intemperie y debe clamar por ser atendida.
P: También tiene en su estudio un Cristo. ¿Qué le movió a cambiar de la escultura religiosa a otras temáticas?
R: La iglesia ha querido imponer un criterio y ya se ha acabado la grandeza del arte religioso del Renacimiento y el Barroco, por eso yo paulatinamente pude conquistar otro espacio más en consonancia con mi estilo. Yo viví en una época de postguerra, en unos años muy duros. Estaba dentro de un mundo de orfebres ya que mi padre y mi abuelo lo eran. Ellos hacían cálices, custodias y obras al servicio de la iglesia y claro,  en ese ejercicio con la obra religiosa, el contacto que yo tenía con la imaginería era inevitable. Había mucha demanda de arreglar Cristos de marfil porque la guerra los había destruido. Yo no quería arreglar, ni imitar Cristos, yo quería hacer un Cristo mío y lo hice. Era un Cristo diferente a los de la orfebrería; estaba estremecido. El Cristo que tengo en el taller me gustó porque es un Cristo que no está en consonancia con los cánones de la iglesia y hasta lo quitaron.
P: ¿Lo quitaron?
R: Al principio se lo regalé a una monja de un colegio religioso, ella a su vez se lo regaló a un convento. Al obispo y a la madre superiora no les gustó y se lo devolvieron a la monja. Yo lo quise comprar y no me dejaron. Me hice uno en madera, pero el original de yeso sigue en el colegio. Yo quería poner ese Cristo en la calle, para que allí hiciera su evangelización y no en la iglesia. Me gustaría ponerlo al lado de La Almudena.


El Cristo que está a la izquierda de Julio López es un Cristo, como ha dicho él, de madera, vestido únicamente con el paño de pureza y que mira al suelo con el ceño fruncido. Su semblante es muy serio, denota decepción. Teniendo en cuenta que lo esculpió después de que se negaran a devolvérselo, es probable que decidiera endurecer su expresión debido a esa negativa y además al hecho de no haber conseguido que el Cristo realizará su evangelización en la calle.
P: Antes ha mencionado a su mujer Esperanza. Y es que su familia es otra de sus temáticas preferidas para esculpir. ¿Qué es lo que le gusta más de esculpir a sus seres queridos?
R:  Me gusta que no es un invento ni una idea caprichosa mía, sino que es la verdad, mi verdad. El ámbito familiar es el que me proporciona los modelos. Si yo esculpo La estudiante caminando, esa chica debe ser un prototipo de la estudiante, de la búsqueda de la formación, de la libertad y de su espíritu cuando en realidad es mi hija Esperanza. Con Marcela y su luz, en la que sale mi hija guardando las lentillas cuando se va a acostar, en realidad he querido representar la luz del día siguiente, la luz de mañana, el universo entero en busca de la luz. ¿Cómo voy a representar mejor el universo? Con Marcela, con el modelo que tengo en casa. Por otro lado, si tuviera que elegir una obra entre todas las que tengo, elegiría La Pareja de artesanos; es una obra fundamental porque son mis padres, son los que me abren el camino, inicio la carrera ahí, inicio la búsqueda de la verdad.
P: ¿Cree que ha encontrado la verdad?
R: Bueno, la verdad no sé si se encuentra o te encuentra ella a ti. La verdad es complicada, tienes que esperar que te de ella algo. Y no sé si me lo ha dado, yo creo que esos son los tiempos venideros.
El escultor se ríe tras su reflexión. En ese momento llaman desde el Thyssen, le avisan de que debe acudir al día siguiente para tratar algunos asuntos sobre la exposición. Cuando Julio López cuelga el teléfono suspira, está realmente ocupado y su mano escayolada le impide moverse con agilidad.
P: Usted recibió en 1982 el Premio Nacional de Artes Plásticas “por su sentido original de la escultura realista fuera de los cánones académicos y su revitalización del espíritu clasicista” ¿Qué le movió a romper lo cánones académicos?
R: Precisamente el hecho de que para mí la vida es muy importante que sea representada y los académicos no representaban la vida. Los académicos producen una obra que está hecha con soluciones, no con problemas, y yo creo que la obra de todo autor debe contener la problemática que le imponen los tiempos nuevos. Hay que hacer algo con el pensamiento anterior.
P: Además cuatro años después del premio fue académico. ¿Cómo se sintió? 
R: Me extrañó, me sentí como Pío Baroja, quien tampoco supo qué hacer o cómo actuar cuando le nombraron académico de la lengua. Con el tiempo comprendí que los académicos tienen una visión bonita, limpia, al margen de la sociedad y de los intereses y me gustó pertenecer al grupo.
P: ¿Qué opina del conflicto realismo-abstracción?
R: Nosotros los realistas madrileños estábamos compitiendo con el abstracto y nosotros veíamos una realidad mientras que ellos veían otras cosas. Sin embargo, teníamos una convivencia armónica con los abstractos, yo era amigo de Lucio Muñoz, Antonio Saura, pintores rabiosamente modernos. A mí Saura me compró esculturas. No creo que estuviéramos separados en ningún momento. A mí me gusta tanto lo figurativo como lo abstracto.


Julio López Hernández sonríe cuando recuerda a sus amigos. Él, Antonio López, su hermano pequeño Paco López Hernández, Carmen Laffón en el realismo y Lucio Muñoz, Antonio Saura y Luis Gordillo en el abstracto fueron una generación de pintores del mediados del siglo XX que se caracterizaron además de por la calidad de sus obras, por la amistad que tenían. Han realizado exposiciones colectivas, cursos de arte en común en ciudades como Ávila, Sevilla o el Escorial en los que los alumnos podían pasar de un taller a otro y aprender de diferentes artistas e incluso obras en Equipo. Antonio López, Julio López Hernández y Paco López Hernández realizaron una escultura de los reyes Juan Carlos y Sofía de tres metros de altura.
P: ¿Cómo cree que evolucionará el arte?
R: No lo sé. Ahora mismo hay un exceso de aventura, de propuestas alocadas, pero creo que de ahí puede surgir una vuelta al orden. No se cómo será, yo no le llamo que pueda ser más realista, yo le llamo vuelta el orden. Será la depuración de una locura, la salvación de una locura.
P: ¿Qué consejo daría a los jóvenes que quieren dedicarse a la escultura?
R: Les aconsejaría que leyeran, que escucharan música, que se cultivaran y se informaran y sobre todo que no dejen de esculpir, pero teniendo claras sus ideas.


Julio López ha hablado de su futura exposición en el Thyssen y de su descontento por no exponer más a causa de la crisis, de nuevos proyectos como son la exposición en la academia de Bellas Artes y el libro Notas a pie de obra, de sus obras, de su opinión sobre el arte, de sus amigos y de su familia. La familia de este artista no deja de influir en sus obras, tanto como modelo como inspiración. Los pisos de arriba del taller tienen esculturas de un carácter más íntimo para el escultor que el piso de abajo, en el que se ha realizado la entrevista. Los dos pisos superiores están repletos de esculturas de la familia de Julio López en bronce, yeso y madera. Aparecen sus hijas en diferentes edades, incluso recién nacidas y su mujer a veces más joven y a veces más envejecida. Hay algunas esculturas que representan a los amigos del escultor, pero la mayoría son de su entorno familiar más cercano y no hay esculturas religiosas ni de personalidades. El ambiente de estos dos pisos es muy diferente al del piso inferior, la luz es más tenue y las esculturas se encuentran muy cerca las unas de las otras, como si se encontraran en una reunión familiar. La familia de Julio López Hernández, sus padres, fueron los que le iniciaron en su camino de la búsqueda de la verdad, verdad que le tiene que encontrar a él, verdad que aún no sabe si le ha encontrado. 


miércoles, 20 de enero de 2016

Vuelta a la adolescencia


Una característica que se busca en la alta cocina es que las preparaciones culinarias transporten al comensal a un espacio o a un tiempo determinado. Cuando un plato consigue que quien lo coma se sienta en un paraíso exótico o rememore aspectos de su infancia, obtiene un gran prestigio. Esa sensación que persiguen los restaurantes que aspiran a conseguir una estrella Michelin, se experimenta con Nick de Inma Chacón.

La novela de esta doctora en Ciencias de la Información se define como "una historia de redes y mentiras"en la que se cuenta como una niña de doce años crea un perfil falso en Facebook para enamorar a un chico. Tanto el contenido como el estilo del libro consiguen transportar al lector a aquella época en la que estaba de moda pasarse canciones de unos teléfonos móviles a otros, llevar un mp3 a todos lados, escribir sms llenos de abreviaturas y faltas de ortografía o utilizar palabras como "pipas". Está claro que este libro solo va a tener más impacto en aquellos lectores que hayan sido adolescentes justo en esa época y llenará de recuerdos sus mentes. 

No es difícil identificarse con la torpe protagonista, con las cosas que le suceden y con lo preocupada que está por problemas que años después le parecerán insignificantes. Es un personaje que puede hacer reír, enfadarse o llorar al mismo tiempo. Sin embargo, a veces la novela puede resultar predecible o puede cansar al lector debido a la multitud de abreviaturas y expresiones coloquiales que se utilizan, pero que a su vez son muy necesarias para el viaje hacia la adolescencia.

A simple vista no parece que el libro tenga otro objetivo que el de disuadir a los adolescentes de utilizar mal Internet, pero cuando el lector se va introduciendo en la historia se da cuenta que la aparición de la red tiene un papel mucho menor que la verdadera protagonista de la historia, la adolescencia.

lunes, 4 de enero de 2016

Ángel Rupérez, profesor y escritor de novela erótica


El erotismo es el ingrediente principal de la literatura de hoy y de ayer. De las 50 sombras de Grey de E.L. James y de los Senos de Ramón Gómez de la Serna. Cuando se compra un libro erótico, este con total seguridad terminará siendo forrado debido a la vergüenza que le provoca al lector el hecho de leer semejantes cosas y que los demás lo sepan. Cuando el lector confiesa a un amigo que ha leído un libro erótico, los dos tienden a reírse de forma nerviosa y cuando hablan del escritor piensan que es una persona que tiene el sexo como prioridad. Quizá por eso sorprenda que un profesor  de instituto y de universidad como es Ángel Rupérez haya escrito un libro de la naturaleza de Sensación de vértigo.


La novela está protagonizada por Alejandro, un hombre casado, que cambiará su percepción del amor y de la vida tras un viaje a Italia. Los encuentros sexuales en probadores, hoteles y apartamentos son lo que da un toque picante a esta novela, pero el sexo no es la base del pastel (cosa que sí ocurre ocurre en el best seller de E.L. James). Ángel Rupérez nos sorprende en esta novela con frases como: "Muchas veces lo que pensamos que es felicidad, podría llamarse en realidad seguridad" o "Esos cambios de personalidad en nosotros mismos son como medicinas inesperadas que nos curan de enfermedades que habíamos padecido en el pasado" que demuestran que el fondo de la novela no es tan sexual como filosófico. Es una interesante reflexión del pensamiento sobre uno mismo, la relación en pareja, el control de las circunstancias y, sobre todo, el engaño. La novela está muy bien diseñada y tiene un final impredecible que dejará pensativo al lector.


Entre los proyectos futuros de Ángel Rupérez están un libro de relatos: Las lágrimas necesarias y una novela de título aún incierto que tratará de un crítico de cine al que le invitan a hablar sobre Woody Allen en Nueva York, pero sus planes se verán truncados. Rupérez se está dedicando plenamente a la novela ya que se ha jubilado y ha tenido que abandonar la docencia. Reconoce que recuerda con nostalgia los días como profesor de instituto y echa mucho de menos a sus alumnos.