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| Francisco Díaz Pineda. Fotografía recuperada de: https://www.flickr.com/photos/unia/3994631317 |
De manera similar piensa la directora de la Escuela de Ciencias de la Tierra y la Atmósfera del Instituto de Tecnología de Georgia, Judith Curry. Curry defiende que: "aunque la mayoría de expertos coinciden en que para evitar un desastre climatológico en potencia harían falta cambios de calado en la agricultura y en el modelo de producción energética, el debate público y la interpretación de los hechos pueden convertirse en una cuestión de supervivencia".
Y es que lo que realmente pasa es que la opinión pública desea es saber si el planeta se está calentando o no, en qué medida lo hace y cuán graves serán las consecuencias. Sin embargo, las respuestas de los expertos están expresadas en un lenguaje técnico y vago en el que destacan las probabilidades y los niveles de confianza. Además, las decisiones que se puedan llegar a tomar también tienen una fuerte carga política. Para luchar contra el cambio climático hay que destinar dinero y trabajo . Algunas personas influyentes como el senador de Oklahoma, James Inhofe muestran una actitud reacia hacia ello. Inhofe calificó el cambio climático como " la mayor estafa jamás perpetrada contra el pueblo estadounidense". Así, se emplea la incertidumbre como arma para atacar la climatología recurriendo a una falacia: "como los científicos no lo saben todo, no saben nada".
Aunque es verdad que los climatólogos, científicos y asesores deberían ser más cuidadosos y explícitos cuando se dirigen al público, no son las incertidumbres científicas lo que impide avanzar en cuestiones políticas. Lo que hacen los políticos es esperar los acuerdos internacionales antes de que cualquier territorio tome la iniciativa de reducir las emisiones de carbono. Las naciones a modo individual son las que deben adoptar medidas cuanto antes. Por eso es necesario que, ante la incertidumbre, las ciencias sociales se pongan en marcha para concienciar a la opinión pública. Y es que si no actuamos pronto para cambiar nuestro modelo energético y para reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, nuestros descendientes presenciarán cambios profundos en los ecosistemas y en el clima que pondrán en riesgo su vida.













