El Palacio Real de Olite, situado en la localidad con el mismo nombre, es una construcción de carácter cortesano y militar de los siglos XIII y XIV que todo el que viaje a Navarra debería visitar.
El palacio es impresionante desde el exterior. El aparente desorden de su diseño arquitectónico es encantador. Tiene elementos góticos, románicos y renacentistas. De esta manera, parece que hay diversos palacios en esta construcción de carácter residencial. Esto se debe a que el palacio nunca se afrontó como un proyecto de conjunto sino que ha sido el fruto de varias reformas y ampliaciones. Lo que sí que se puede diferenciar claramente en el palacio son dos conjuntos, el Palacio Viejo, convertido en Parador Nacional de Turismo, y el Palacio Nuevo.
Una vez dentro, los secretos del palacio asombran al visitante. Descubrirá que hay un falso suelo que en realidad era el techo de una instancia con columnas de 7 metros de alto. Aún no se sabe cuál era el cometido de esa sala. En otra de las dependencias del palacio hay un techo abovedado compuesto por diversos arcos. Encima de esta sala se encuentra un jardín lleno de enredaderas y con una morera en el centro.
Subiendo unas escaleras de caracol con dibujos de los diversos arquitectos como marcas de su aportación al castillo, encontramos una diáfana sala familiar. Como pasaron diversas dinastías reales por el palacio, cada familia se llevaba lo que había dejado la anterior.
A través de esa sala se sale a los balcones del palacio. Se pueden observar desde allí los árboles exóticos, para la época, que poseía el castillo, son higueras y naranjos. También se pueden contemplar las diversas torres, una de ellas construida para que los hijos del rey Carlos III jugaran. Todo esto convierte al Palacio Real de Olite en una de las Maravillas Medievales de Europa.

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