miércoles, 19 de abril de 2023

Cuentos de princesas para productos culturales

 La chica de nieve se ha convertido en un éxito tanto en Netflix como en las librerías. La serie es menos dura que el libro, aunque es verdad que el hecho de que esta última se ambiente en Málaga y la novela en Nueva York produce mayor angustia, al menos, al principio, al espectador que ve la serie que al lector que lee el best seller. 

Sin ánimo de hacer spoiler ni del best seller de Javier Castillo ni de la serie protagonizada por Milena Smit, ambos productos culturales me han recordado al cuento de Rapunzel. Quizá por la visión que estos otorgan del secuestro y el engaño a una niña que no puede recordar.

La exposición de Leonora Carrington, que se puede ver en la fundación Mapfre, en Madrid,  hasta el 7 de mayo, transporta al visitante al mundo de La Bella Durmiente. En uno de los cuadros, incluso parece que estén las tres hadas madrinas de Aurora. La artista, rebelde desde niña, pinta cuadros que parecen cuentos de princesas, llenos de bosques, castillos, y sobre todo, caballos. Incluso en la etapa más dura de su vida, en la cual fue violada e ingresada en un psiquiátrico en contra de su voluntad, los cuadros muestran a los villanos como ogros o brujas tal y como se tratase de un cuento. 




Finalmente, en un espectáculo llamado Broadway Night Show en el local Bala Perdida, al lado de la parada de metro de Antón Martín pude disfrutar de la historia de la vida de dos jóvenes que llegan a Madrid desde sus provincias con ganas de ser cantantes y de comerse el mundo. Algo totalmente costumbrista, que finalizó con la canción de la Sirenita. Una princesa que quería cambiar de lugar, de vida y de vivienda y con ganas de comerse el mundo, de ser otra persona. 

Los cuentos, las princesas y Disney están en todas partes.