Del 3 de noviembre al 7 de diciembre se puede disfrutar en Salamanca de una exposición itinerante que más que eso es una aventura inmersiva única en la que podemos descubrir que la música no solo se puede escuchar, sino que también se puede ver.
La experiencia consta de dos partes, primeramente los espectadores ven en una pantalla gigante un vídeo en el que encuentran tres jóvenes músicos de tres países diferentes (España, Estados Unidos y Colombia) que tocan tres instrumentos diferentes (violonchelo, flauta travesera y saxofón). En estos vídeos observamos como se mezclan los sonidos de los instrumentos de los jóvenes con los ruidos característicos de sus vidas (el mar, la ciudad o los animales y los trabajadores del campo) y como estos chavales toman diferentes medios de transporte para llegar a un lugar común: el Palau de la Música de Barcelona.
Así, se pasa a la segunda parte de la aventura audio-musical, esta a diferencia de la anterior sí que cuenta con palabras pronunciadas por el director de orquesta Gustavo Dudamel. Sin duda, esta es la parte más impresionante para el espectador ya que a través de la tecnología brindada por las gafas de realidad virtual, los auriculares y una silla en movimiento capaz de girarse hasta 360 grados el visitante se siente al lado de cada músico de la Mahler Chamber Orchestra, pudiendo ver hasta las arrugas de cada intérprete.
No solo cada miembro de la audiencia podrá sentirse como un integrante más de la orquesta sino que también se relajará con luces, colores y formas que combinan perfectamente con la música y dan la sensación de encontrarse en el espacio o bajo el mar. Y, después de visitar al Luthier, viajará por el interior de un violín y una flauta travesera descubriendo cada uno de los elementos que componen a estos instrumentos: los botones, cuerdas y agujeros.
El acto final de la experiencia con gafas de realidad virtual consiste en una audición con la orquesta. Hay que aprovechar este momento para buscar y encontrar a los protagonistas del vídeo de la primera parte. Yo me quedé embobada con otros miembros de la orquesta y no me esforcé por encontrarles, cosa de la que me arrepiento. Pero también me alegra porque es una excusa perfecta para repetir esta experiencia gratuita cuando la exposición itinerante llegue a Madrid.