miércoles, 22 de noviembre de 2017

El complejo de campos de concentración de Auschwitz

En 1940 el infierno se situaba a 70 kilómetros de Cracovia. Hoy por suerte, Auschwitz es un museo que tiene como propósito recordar lo que allí pasó para que la historia no vuelva a repetirse. Actualmente, se pueden visitar dos campos: Auschwitz I, el campo de concentración original, y Auschwitz Birkenau, construido posteriormente para exterminar a un mayor número de presos.

"Arbeit macht frei", "El trabajo te hace libre"será la frase de bienvenida que encontrará el visitante nada más llegar al Auschwitz I. Una mentira, pues lo único que hacía libre a los internos era la muerte. Los presos llegaban hacinados en trenes con  hasta 25 kilos de equipaje. Se les decía que iban a necesitar toda esa ropa, zapatos, mantas o cacerolas, pero cuando llegaran al campo todas esas pertenencias se les eran arrebatadas. Antes de entrar en el campo, un guardia decidía sobre el destino de cada preso como si fuera un dios. Si lo veía apto para trabajar lo dejaba vivir, y si no lo enviaba directamente a la cámara de gas. El siguiente paso era ducharlos con agua demasiado fría o demasiado caliente para hacerles sufrir. Les rapaban el pelo, les ponían un traje de rayas verticales y les hacían una fotografía. Como se dieron cuenta de que los presos cambiaban mucho durante su estancia en Auschwitz, decidieron pasar de hacerles la fotografía a tatuares un número en el antebrazo. Así perdían toda su identidad, se convertían en un número.





Los nazis aprovechaban todo lo de los judíos. En el museo se pueden ver hasta dos toneladas del pelo rapado de los internos que se utilizaría posteriormente en la industria textil. Guardaban las pertenencias de los internos en un  barracón llamado "Canadá" que recibía este nombre debido a la riqueza que se le atribuía al país americano. Canadá era el barrancón donde más riqueza había en el campo.

Cacerolas y zapatos guardados en Canadá

Auschwitz I fue un campo que estaba dedicado, sobre todo, a exterminar a los presos políticos de Polonia. A algunos se les castigaba dejándoles morir de hambre o de asfixia en una celda. Llegaban a introducir hasta a 30 presos en una celda de cuatro metros cuadrados. En el museo también podemos ver el paredón de fusilamiento.

No es extraño que los presos quisieran escapar de aquel lugar atroz. Si un interno se fugaba los otros recibían un castigo que podía versar entre aguantar 20 horas de pie o la muerte. Los que se salvaban de la muerte debían trabajar. Los mejores trabajos eran los que se hacían en la cocina o la lavandería ya que podían aprovechar para robar algo. Si enfermaban, cosa frecuente, más les valía aguantar ya que el hospital era en realidad un laboratorio de experimentación en el que, por ejemplo, inyectaban veneno en los ovarios de las mujeres.

Lo cierto es que al final la muerte acababa llegando.  Antes o después los presos eran enviados a la cámara de gas. Les hacían quitarse la ropa, colgarla en una percha y acordarse del número de la percha en la que la habían colgado. Les prometían una sopa caliente después de esa "ducha". En Auschwitz I podían morir hasta 400 presos en un día. En la cámara de has estaban tan apretados y desesperados que hasta se pueden ver marcas de sangre en la pared. Metían las piedrecitas de cianuro por el techo y en media hora todos los que se encontraban allí habían muerto. Otros presos se encargaban de incinerar los cadáveres de sus compañeros y aprovechar la ceniza para hacer abono. Algunos, para no volverse locos, imaginaban que estaban quemando sacos de patatas.




Como Auschwitz I no tenía capacidad para alojar y exterminar a todos los presos que se deseaba, se mandó construir a tres kilómetros de distancia Auschwitz Birkenau. Este lugar hacía que Auschwitz I pareciera un hotel de cinco estrellas. Los presos dormían hacinados en establos para animales, contrayendo todo tipo de enfermedades. Por la mañana y solo a  una hora determinada iban a hacer sus necesidades en unas letrinas que se encontraban unas al lado de otras. No tenían privacidad. En esos sanitarios,  los nazis no entraban  y los internos podían hablar tranquilamente y tomar descansos cuando trabajaban.  Birkenau es inmenso, los presos debían caminar  un largo trecho hacia las cámaras de gas donde morían.


Un lugar terrible que muestra hasta donde puede llegar la maldad del ser humano. Aún así, en Auschwitz también se dieron historias conmovedoras. Un joven se enamoró de una muchacha en Birkenau. Él se disfrazó de guardia y consiguió escapar con su amada sin ningún problema. Al final les atraparon cuando ella salió a comprar pan. Él fue asesinado y ella se suicidó. Hasta en un lugar como Auschwitz uno puede enamorarse. El amor existe hasta en el infierno.

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