Que mejor que celebrar el hecho de que el 12 de Octubre haya sido el Día de la Hispanidad que visitando el Museo de América. Es muy recomendable ver la colección permanente, pero no hay que olvidar las exposiciones temporales y hasta el 1 de noviembre podemos revivir las aventuras de Miguel de la Quadra-Salcedo.
A de la Queadra-Salcedo el interés por América le venía de familia, su ilustre pariente Juan Francisco de la Bodega y Quadra participó en las expediciones a Costa Noroeste, levantando planos de costas aún desconocidas para los europeos. Al igual que de la Quadra-Salcedo, Bodega y Quadra también escribía en un cuaderno de campo las curiosidades que aprendía sobre los indígenas.
Sin embargo, de la Quadra-Salcedo no pensó desde un principio en explorar las selvas del Amazonas, pero esa oportunidad le tenía que llegar. Él era muy aficionado al deporte, de niño deseaba imitar al Discobolo de Mirón, por lo que en sus años de estudiante en la Universidad Politécnica de Madrid practicó batió el récord de España en halterofilia y fue campeón en su categoría de lucha grecorromana. Finalmente, se decantó por el atletismo obteniendo grandes méritos, sobre todo, en el lanzamiento de jabalina. Por sus logros, Miguel fue seleccionado para participar en los Juegos Olímpicos de Melbourne (1956) y Roma (1960). No pudo acudir a Melbourne al retirar España su participación, pero fue compensado con una beca en la Universidad de Puerto Rico. Cumplía así el sueño de viajar a América que albergaba desde sus años escolares.
De esta manera, Miguel de la Quadra-Salcedo pudo viajar a América con la misión de dar a conocer a los pueblos de este continente las bondades del deporte. Sin embargo, Miguel de la Quadra-Salcedo acabó por sucumbir a los encantos del Amazona, sus gentes, sus ceremonias, rituales y costumbres prefiriendo documentar lo que allí ocurría.
De este modo, descubrió su verdadera vocación, la de reportero. Se dedicó a documentar lo que ocurría en todo el mundo, sin preocuparse del riesgo de acudir a países en guerra o terrenos inhóspitos. Al final de su vida, quiso transmitir su pasión por las culturas indígenas, la historia y la documentación organizando un viaje para más de 200 jóvenes de 16 años procedentes de diversos lugares de todo el mundo, la ruta Quetzal.
De esta manera, se organizaron 31 expediciones anuales entre los años 1979 y 2016. Los jóvenes candidatos debían presentar un trabajo para ser seleccionados en una aventura que cambiaría sus vidas. De verdad que las cambiaría, porque esta iniciativa tan bonita también era una red de contactos a futuro. No hay que olvidar que el banco BBVA financiaba las expediciones, por lo que muchos de los adolescentes participantes eran hijos de banqueros, o de profesores universitarios que también se implicaban en la ruta, debido a la corrección de los trabajos. Todo se queda en familia, como pasó con de la Quadra-Salcedo y con Bodega y Quadra. Y como pasó con de la Quadra-Salcedo, que prefirió documentar a transmitir las bondades del deporte a los pueblos indígenas, estos niños de 16-17 años solo disfrutan del viaje, y no aportan demasiado a estos pueblos. De la Quadra-Salcedo fue muy generoso al organizar un proyecto que permitiera disfrutar de la cultura, pero podría haber sido más generoso motivando a los jóvenes a aportar a la sociedad, organizando, por ejemplo, un voluntariado.
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