El Palacio de la Granja de San Ildefonso fue la residencia estival y lugar de retiro de Felipe V e Isabel de Farnesio. Esta última vivió también inviernos en este lugar debido a que allí la desterró su hijastro Fernando VI en 1747. Aunque en verano el Real Sitio de la Granja de San Ildefonso era un lugar ideal para el descanso tras la caza, debido a sus fuentes y jardines, en invierno la reina llamaba a este palacio su pastelito de nieve. Y es que si hasta en verano las cortinas eran de terciopelo para evitar las frescas temperaturas de la noche, en invierno este palacio era un auténtico iglú.
Aún así, Isabel de Farnesio adoraba su pastelito de nieve. Recibía a las visitas en una sala presidida por el cuadro de la familia real, incluyendo a hijos e hijastros. Comía con su marido Felipe V en un comedor privado el cual tiene cuadros que hacen referencia a los cinco sentidos. Ambos se vestían en la sala del vestidor y hacían todas las actividades del día juntos solo separándose cuando Felipe V se confesaba en el oratorio. Y es que el oratorio estaba pegado al dormitorio de la pareja porque Felipe V tenía un peculiar ritual que repetía cada mañana: no era común que los reyes durmiesen con sus esposas y este rey sí que lo hacía, así que cada mañana se confesaba y contaba lo que había pasado entre aquellas sábanas. Los reyes, además, se levantaban contemplando un ventanal con vistas al jardín, con una fuente que representaba a Isabel de Farnesio y de la que manaban corrientes de agua.
Aunque los reyes hacían todo juntos, separaban sus bienes. Así, en la sala del arte, la colección de cuadros de Felipe V estaba marcada por una Cruz de Borgoña mientras que la de Isabel de Farnesio por una flor de lis. También se separaban para que Isabel de Farnesio escribiera a sus hijos en la sala dedicada a ello y para que Felipe V estuviese en su despacho.
Justo al lado del comedor de gala estaba la sala de la siesta de Isabel de Farnesio, en la cual aparece un cuadro de la diosa Diana descansando tras la caza. Para hacer aún más cómodo el palacio, también había salas en los pisos inferiores en las que añadieron fuentes, ventanales y esculturas para que los reyes se sintiesen en el jardín pero sin sufrir el calor.
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