domingo, 11 de enero de 2026

Aprendiendo a catar en Chinchón

Una visita obligada de todo madrileño en fin de semana es Chinchón, protagonista de joyas cinematográficas como La vuelta al mundo en 80 días y reconocido como uno de los pueblos más bonitos de España, también alberga la bodega más antigua de la Comunidad de Madrid. 

Fundada en 1870, 5 generaciones han regentado la Bodega del Nero. En nuestra visita, el tataranieto del fundador nos explicó que las variedades de uvas de las que constan las 40 hectáreas que tiene la bodega en el término municipal de Chinchón son Tempranillo, Tinto Fino, Graciano, Petit Verdot y Airén.

Una vez cultivado de manera manual y vendimiado en el mes de septiembre, meten el vino tinto en tinajas, el blanco en tanques de acero inoxidable y los destinados a garrafas en depósitos de cemento. La ventaja de las tinajas es que la cerámica es un material que favorece el intercambio de oxígeno a través de los poros del barro, lo que facilita que el vino sea más franco y muestre todos sus aromas. La tinaja, además, actúa como aislante térmico, permitiendo retrasar la fermentación y que todo se haga más despacio, favoreciendo la presencia de la fruta.

Sin embargo, los inconvenientes que tiene es que la refrigeración, y el movimiento del vino se tienen que hacer de manera manual mientras que los tanques de acero inoxidable lo hacen de forma automática. Lo más tedioso es la limpieza, pues una persona delgada, ya que a más peso más riesgo de quebrar la cerámica, debe quitar la suciedad a mano, pasando calor y con una mascarilla ya que el vino deja el gas tóxico del tufo en la tinaja. Antiguamente, cuando no eran obligatorios los equipos de seguridad, los trabajadores se peleaban por limpiar las tinajas ya que obtenían dinero extra y acababan ebrios sin beber.  

El vino se envejece en barricas. Aprendimos las denominaciones de los vinos según el tiempo en el que se envejezcan en el barril y la botella. Si el vino se saca de la tinaja y va directo a la botella es un vino joven. Si se saca de la tinaja, se mete en el barril entre 3 y 9 meses y va a la botella para ser consumido es un vino roble. Los vinos crianza se envejecen durante un mínimo de 18 meses, por lo menos 6 meses en barrica y el resto en la botella. Los vinos reserva deben estar un mínimo de un año en la barrica y otro año, dos para los tintos, envejeciendo en la botella. Y finalmente, los vinos gran reserva deben estar envejeciendo por lo menos 5 años los tintos y 4 los blancos estando más de un año envejeciendo en la barrica y después en la botella. 

Finalmente, llegó la parte más divertida de la visita, la cata. Probamos un blanco joven y un tinto roble. Aprendimos a hacer notas de cata. Primero comprobamos el color del vino blanco. Debíamos colocar el dedo frente a la copa, si lo distinguíamos perfectamente se trataba de un vino de capa baja, si solo lo intuíamos de capa media y si no lo veíamos, de capa alta. Como, en el caso del blanco, se distinguía perfectamente estábamos ante un vino de capa baja. Lo siguiente era distinguir el aroma el vino, como olía a fruta, concretamente a manzana, estábamos ante un vino afrutado.  Nos enjuagamos la boca con el vino para notar todos sus sabores, era tan ácido que se sentía un dolor en los laterales de nuestra lengua por lo que se trataba de un vino fresco y como el sabor permanecía en la boca, era un vino largo. El último paso era distinguir el cuerpo del vino, para ello hay que girarlo en la copa. Se forman unas gotas en las paredes del cristal y según lo que tarden en caer será un vino de mucho cuerpo si tardan mucho, o de poco cuerpo si son más rápidas. Así nuestra nota de cata fue: "vino blanco joven, capa baja, afrutado, fresco, largo y de poco cuerpo".

Con el vino tinto solo pudimos intuir nuestro dedo, su aroma recordaba a la madera, su sabor era menos ácido que el del blanco, este vino permanecía aún más tiempo en boca que el blanco y las gotas tardaban mucho en caer por lo que la nota de cata fue: "vino tinto roble, capa media, ahumado, poco fresco, persistente y de mucho cuerpo".

Para el maridaje de los vinos, nos sirvieron pan y queso untado de Chinchón con romero. Debíamos beber del vino, después comer el pan junto con el queso y comprobar si el sabor del vino quedaba en la boca o lo camuflaba el queso. Mientras que el queso eclipsaba el sabor del vino blanco, el vino tinto permanecía por lo que el vino tinto roble maridaba mejor con el queso que el vino blanco joven. 

Esta experiencia puede ser disfrutada por toda la familia ya que a los niños se les da refrescos y pueden probar el queso de Chinchón. También es maravilloso poder disfrutar del paseo en el trenecito turístico que viene incluido en la entrada premium de la visita a la bodega. 

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