El pasado 12 de mayo se celebraron las fiestas mayores de Alcolea
de Tajo. Y para hacer este año aún más especial, los alcoleanos han explicado la historia desde la fundación de su pueblo transportándonos al pasado en un
pasacalles histórico muy bien ambientado.
El topónimo Alcolea proviene del árabe al-quleya, que
significa castillo. Y es que el municipio toledano fue fundado por poblaciones
árabes que se establecieron permanente en un cerro del pueblo. Aún podemos
encontrar allí ruinas de aquella época. Como las primeras familias fundadoras fueron
de origen musulmán, dos veinteañeros del pueblo interpretaron a una pareja
árabe preocupándose por el futuro y dedicándose palabras de amor.
A partir del siglo XI, tras la reconquista, Alcolea de Tajo pasó
a los dominios de la Iglesia de Toledo. Los alcoleanos nos fueron enseñando los diferentes personajes y oficios que se veían por el lugar en aquella época. Algunos ejemplos fueron las mujeres que llevaban agua del cercano río Tajo, el herrero, las costureras o las señoras las que llevaban dulces del convento de Santa Catalina en Talavera de la Reina; quienes tuvieron la amabilidad de ofrecer pastas de las monjas a los espectadores del espectáculo.
El momento álgido del espectáculo fue el final.
Primero, el Deán Agustín Contreras, quién en el siglo XVII, después de su viaje a las Américas, nos enseñó la iglesia de la Asunción de Alcolea y nos contó que él envió para su decoración una lámpara de plata viva y unos utensilios de oro y plata para la liturgia.
Y para terminar, vimos en directo como fue el milagro del 12 de mayo de 1779. Ese día comenzó con una climatología adversa y hacia las cuatro de la tarde el cielo se oscureció completamente. Ante el temor por perder las cosechas, los vecinos, liderados por la devota mujer Bárbara Copado Sánchez rezaron a la Virgen de los Dolores para que no lloviese. Esto resultó, y la tormenta solo afectó a los pueblos vecinos y no causó daños a las tierras de Alcolea. Así, se hizo el milagro.
La interpretación fue muy buena. La actriz que daba vida a Bárbara Copado hizo una brillante actuación, entrando a la iglesia muy ansiosa y preocupada e instando a los vecinos a rezar y cantar a la Virgen de los Dolores, mientras de fondo se oían truenos como efectos especiales. Después de una bonita Salve cantada, los sonidos de la tormenta cesaron y todos quedaron muy contentos porque se había hecho el milagro.
Lo mejor de la realización de este evento es que fueron los alcoleanos quienes contaron la historia de su pueblo y de cómo fue el milagro que conmemora sus fiestas. Es un ejemplo perfecto de cultura popular.
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