lunes, 28 de marzo de 2016

Visita a la casa del realismo madrileño

Ya está aquí la exposición que anunciaba Julio López Hernández, Realistas de Madrid. Las obras de los artistas Antonio López García, María Moreno, Julio y Francisco López Hernández, Esperanza Parada, Isabel Quintanilla y Amalia Avia se podrán ver en el museo Thyssen hasta el 22 de mayo de 2016.

Estos siete artistas, cuatro mujeres y tres hombres, habían nacido poco antes de la Guerra Civil y se conocieron en los años cincuenta. Los hermanos Julio y Francisco conocieron a Antonio gracias a que les colocaron juntos en la  Escuela de Bellas Artes de San Fernando debido a sus apellidos. Julio se casará con Esperanza, Francisco con Isabel y Antonio con María. Amalia se casó con un amigo de ellos que pintaba abstracto, Lucio Muñoz.  Una beca que consistía en un viaje a Roma les permitió descubrir, a parte del arte italiano del siglo XX, los frescos del Renacimiento y sobre todo la pintura de la Antigüedad. Este viaje fue inspirador, pero sobre todo tuvo influencias en su arte el cine neorrealista, o la novela El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio. Además la moda del arte abstracto actuó como un estímulo para que pudieran reivindicar el realismo.

Adentrarse en esta exposición es como entrar en una casa, quizá en una casa de chocolate como la de Hansel y Gretel debido a la exquisitez de las obras, y ver como cada artista tiene una visión personal de cada una de las habitaciones. Empezamos por la cocina. María Moreno muestra un bodegón en que predominan los tonos verdes y turquesas con una sandía en el centro del mismo, Isabel Quintanilla prefiere el naranja sobrio de las granadas. También aparecen ventanas y pequeños paisajes  como los retratados por Esperanza Parada.

La siguiente habitación es el baño. El baño de Isabel Quintanilla está lleno de productos, en cambio el de Antonio López no, solo tiene lo indispensable y algo más, el paso del tiempo. Al lado de los baños están otras habitaciones presididas por un escritorio, un teléfono, un jarrón como la de Amalia Avia o un abrigo encima de una silla como la escultura de Francisco López. A través de pasillos plasmados por María Moreno y Antonio López llegamos a los dormitorios. Destaca la escultura de Julio López que dice  haber retratado la habitación de un radiólogo. Salimos al jardín y vemos las esculturas de los niños representados por Francisco. También destacan los árboles que ha pintado Isabel idénticos a los que hay en Pompeya.

Cuando salimos del Jardín, llegamos a la ciudad. En la calle está el guapo Jacobo esculpido por Julio y parece que invita a ver Madrid, los bares, los edificios y la majestuosa Gran Vía que pinta Antonio López a las siete y media de la mañana en un día de agosto. Es una Gran Vía bañada por la luz del Sol y sin coches. Una Gran Vía tranquila, silenciosa y alegre.

Ya es hora de dejar la ciudad y volver a casa. Así termina nuestra visita. En la tienda hay camisetas, platos, tazas y estuches decorados con los cuadros de los artistas madrileños.  Quizá  nos acabemos de sumergir en alta cultura, pero la cultura de masas sigue inundándolo todo. A la salida, muchos visitantes se hacen fotos junto al cartel simulando lavar sus manos en el lavabo pintado por Antonio López mientras miran divertidos a larga multitud que hace cola para comprar sus entradas.


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