El festival de Sitges ha quedado marcado por la broma que Wismichu ha gastado a su audiencia. Pero no ha sido el único influencer que ha sacado algún producto cultural este otoño, El Rubius acaba de estrena su serie en Movistar Plus y el instagramer Brioche ha sacado el libro Las princesas van a la universidad.
Días después, Wismichu subió su película a YouTube para que quien quisiera la pudiera ver gratuitamente, no como los espectadores que se desplazaron hasta allí, y también un vídeo explicando por qué había organizado todo este espectáculo. Lo que pretendía el youtuber era mostrar que tanto la prensa, como la industria del cine y la audiencia se tragan todo lo que dice aquel que tenga muchos seguidores. Decía que a ningún director novel le han hecho tantas entrevistas como a él, que muchas productoras le ofrecían varios miles de euros sin ni siquiera ver su película y que, a pesar de que lanzó numerosas indirectas dando a entender que el filme iba a ser una broma pesada, las entradas se agotaron el primer día después de que se anunciase.
Según ha explicado, la razón por la que grabó al público es que quiere utilizar esas imágenes para su verdadera película: Bocadillo, el documental. Wismichu ha querido dar un mensaje causando un gran impacto y ha ejecutado, de forma brillante, su propósito. Sin embargo, el hecho de que la compra de una entrada signifique el consentimiento para emitir la imagen de una persona no es algo lícito y seguramente le traiga muchos problemas a este youtuber moralista.
El Rubius ha subido a su canal de YouTube un episodio de la serie de animación que acaba de estrenar: Virtual Hero. El mayor atractivo de este proyecto es la participación del youtuber. Muchas series de dibujos animados se parecen a esta, con la salvedad de que la canción del opening de Virtual Hero es del grupo español Mago de Oz además de que los personajes sueltan algunos tacos y frases con doble sentido. Además el contenido es prácticamente igual que el del cómic que sacó en 2015. Lo de repetir contenidos también lo hace @Brioenfurecida. Las princesas van a la universidad refleja en 28 de los 32 capítulos las mismas publicaciones que podemos ver totalmente gratis en el Instagram de Brioche.
Quizá de esto es de lo que se queja Wismichu, los influencers tienen mucha más facilidad para convencer a las industrias culturales que el resto solo porque ellos tienen más seguidores. El problema es que ni a los seguidores de los influencers convencen totalmente estos productos culturales.
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