En el Museo Reina Sofía de Madrid, además de poder contemplar la obra más emblemática de Pablo Picasso, se comprende muy bien la situación histórica del momento en el que se expuso. De modo, antes de ver el cuadro, se pueden observar los planos del pabellón español de la Exposición Internacional de París de 1937, momento en el que el Guernica se dio a conocer por primera vez. Sorprende un mural con carteles belicistas de la época ocupando más espacio en la pared que la obra del pintor.
En muchas salas se pueden encontrar esculturas, pinturas, fotografías y objetos de esa época de calma antes de la tempestad. Como si los europeos se esperaran lo que iba a ocurrir, aunque quizá no de una forma tan atroz como lo que fue.
El cartel de la Expo de París de 1937 refleja muy bien esa sensación. Una cara de una mujer preocupada cuya frente está marcada por una diana con los colores de la bandera francesa. Tiene detrás un fondo de banderas en el que llaman la atención la de la España Republicana y la de la Alemania Nazi.
Después del Guernica, lo más bonito de la muestra es un documental de esa Exposición Internacional. El espectador siente que viaja a París y disfruta de los pabellones, las instalaciones e incluso las atracciones que allí había. Un oasis en esa Europa convulsa. Y es que hasta en los peores momentos, el arte y la cultura brindan esperanza y regocijo.
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