Si visitas la exposición permanente de la Fundación Telefónica, verás las cabinas de teléfono. Estos antiguos medios de comunicación fueron muy populares en los años 60 y 70 en España. Hoy el 88% de los españoles nunca ha utilizado una cabina telefónica.
En aquellos años en los que las cabinas telefónicas eran la novedad, se estrenó un mediometraje en televisión que conmocionó a la población, La Cabina, protagonizada por José Luis López Vázquez y dirigida por Antonio Mercero.
Cada uno de los 35 minutos que dura el film son una joya; la banda sonora, la fotografía, el lenguaje visual y, sobre todo, la brillante actuación del actor producen en el espectador muchos sentimientos: risa, compasión, tristeza y, sobre todo, mucha ansiedad.
Tras dejar a su hijo en el autobús para que vaya al colegio, nuestro hombre prueba la nueva cabina que han instalado en el parque. El teléfono no da señal. De pronto, se cierra súbitamente la puerta del cubículo y este señor no puede salir. Empuja la puerta, y no hay manera. Los viandantes lo ven, y después de reírse de él, intentan sacarle, pero es imposible. No puede ni un hombre forzudo, ni los incompetentes bomberos y la policía hace el ridículo. Finalmente, las personas que han instalado la cabina, se llevan la misma con el protagonista dentro.
Tras ver la película, ganadora de un premio Emmy, los espectadores quedaron tan asustados que no se atrevían a meterse dentro de una cabina telefónica. Ponían el pie o le pedían a un acompañante que les sujetara la puerta. Telefónica tuvo que emitir un anuncio con José Luis López Vázquez dando cuenta de la seguridad de las cabinas telefónicas.
Se ha relacionado el significado de esta película corta con el regimen franquista imperante en aquella época. Dando cuenta de que las soluciones a los problemas sociales son la fuerza bruta, unos trabajadores y servicios públicos incompetentes y una policía que hace el rídiculo. Como es imposible solucionar así estos problemas sociales, es mejor esconderlos y dejar que se pudran.
Puede ser un buen análisis, pero el simbolismo para esta película joven a pesar de los años podría aplicarse a la situación política de cualquier país en la actualidad. También quizá, a la salud mental. Cuando se entra en una depresión, todo el mundo quiere ayudar, dan consejos que no sirven, utilizan la fuerza o a llaman a profesionales. Ante la imposibilidad de sacar al paciente de esa situación, se se le mira como a un mono de feria, y no se le comprende. Ante la falta de soluciones, se le esconde y se le deja morir. Y esas mismas personas que esconden al enfermo son los que han ocasionado esa situación.
Quizá la única manera de salir de la cabina sea desde dentro.
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