La Casa - Museo Lope de Vega ofrece visitas guiadas de martes a domingo de manera gratuita para todos los públicos.
Situada en la Calle Cervantes del madrileño Barrio de las Letras, esta casa que fue adquirida por el poeta y dramaturgo en 1610. Aunque la describía como "mi casilla, mi quietud, mi huertecillo y estudio..." este era un edificio bastante destacado para la época. En 1935, tras haber pasado de mano en mano y habiendo sido restaurado, el edificio se abrió al público y se declaró como monumento histórico - artístico.
Al haber pasado tantos años y vivido tanta gente, no se conservan los muebles de Lope, pero sí que se sabía como este literato vivía gracias a que lo contaba todo en sus obras. Desde cómo eran sus aposentos hasta qué desayunaba. Y gracias, a que, como los influencers de ahora, Lope compartía su rutina, se ha podido recrear su casa.
Mientras los visitantes esperan a que sea la hora de la visita guiada disfrutan del jardín de Lope. Este, tiene las plantas que describía Lope y que él tanto amaba y cuidaba diariamente según sus versos:
"Que mi jardín más breve que cometa, tiene solo dos árboles, diez flores, dos parras, un naranjo, una mosqueta".
Y así, como explicaba Lope, su naranjo preside el jardín.
Subiendo, nos encontramos con el estudio de Lope. Un retrato nos muestra cómo era a la edad de 55 años. Es un sacerdote con aspecto atractivo que encandiló a muchas mujeres, teniendo diversas esposas y amantes así como 17 hijos. También hay que tener en cuenta que los retratos en aquella época eran como los filtros para embellecer las fotos que colgamos en nuestras redes sociales favoritas.
Sí, Lope se ordenó sacerdote y Góngora le dedicó estos malintencionados versos:
"Cura que en la vecindad vive con desenvoltura, ¿Para qué le llaman cura si es la misma enfermedad?"
Como podemos comprobar, no solo los cantantes de reggaeton se tiran beef, también lo hacían los escritores del siglo XVII.
Para hablar con sus colegas, Lope utilizaba también su estudio, vemos una obra de arte contemporáneo presidiendo el centro de las sillas, pertenece a la exposición Mutaciones, que tiene la intención de crear conversación a la vez que se visita la casa de Lope. En el siglo XVII no tendríamos esta escultura, sino un brasero.
Las siguientes estancias que visitamos son el comedor y la cocina. Además de la hermosa cerámica de Puente del Arzobispo, descubrimos que a Lope lo que le gustaba desayunar eran torreznos con aguardiente. Sabemos estos detalles de la vida de Lope gracias a las cartas que este escribía a sus mecenas, como los Whats'App que nos enviamos contándoles la vida a nuestros mejores amigos. Anexa a estas dependencias está la habitación de sus hijas.
Subiendo las escaleras, encontramos una habitación muy peculiar, la de un invitado que Lope apenas conocía cuando este llegó. Y es que en esa época existía la ley de la Regalía de Aposento, por la cual los ciudadanos que vivieran en casas de más de tres plantas tenían la obligación de hospedar a los miembros del séquito real. Así, a Lope de Vega le tocó hospedar a Fray Alonso de Contreras, de quien se hizo muy amigo y en quien Pérez Reverte se inspiró para relatar las Aventuras del Capitán Alatriste.
Finalmente, tenemos la habitación de las criadas, cuyas camas son las únicas que no tienen dosel y la de los hijos de Lope, a los que, por desgracia, tuvo que enterrar su padre.
Es muy interesante transportarse de esta manera al siglo XVII y descubrir, que aunque la vida era muy diferente, había algunas cosas que se parecen, en cierta manera, a cómo compartimos la vida y nos relacionamos.
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