domingo, 22 de junio de 2025

Especulando sobre el Matrimonio Arnolfini

Mi última adquisición en la Feria del Libro ha sido un ensayo de Jean - Philipe Postel convertido en un libro de 161 páginas, El affaire Arnolfini.



En esta investigación sobre el cuadro de Van Eyck el autor, médico generalista de profesión, busca aplicar a una obra pictórica los métodos de observación clínica. 

Hay que reconocer que observa mucho, porque este autor, que lleva a su cita a la National Gallery de Londres, describe con minuciosidad hasta a los mimos que deleitan a los visitantes a la entrada del museo o el trabajo de los vigilantes de la sala 56, donde se encuentra el cuadro.

Convencido de que algo hay escondido en la obra de Van Eyk, se centra en la historia del cuadro, en las descripciones del inventario de los diversos dueños que tuvieron en su poder la obra y hasta en la etimología de la palabra Arnolfini. Por esas, llega a la conclusión de que el esposo del cuadro ha sido víctima de una infidelidad. Para hacer esta afirmación defiende que en la caja donde estaba guardado el cuadro hay grabadas unas frases de Ovidio que hacen referencia al engaño: "No economices el prometer, que al fin no arruina a nadie y todo el mundo puede ser rico en promesas". Además, analizando la palabra Arnolfini alega que San Arnulfo es el patrón de los cornudos.

Pero, analizando los símbolos de la pintura llega a otras conclusiones. En especial, cuando mira al espejo. El espejo no muestra lo mismo que se ve en el cuadro. No se ve el rostro de la mujer en el espejo, tan solo su ropa. Tampoco sale el perrito de esta. Y en su unión de manos aparece una sombra, una mancha negra. Es ahí cuando el autor recuerda la leyenda llamada "Una aventura de la tía Melanchton". Y es que la tía de Phillipe Melanchton vio a su difunto marido cuando ella estaba a punto de dar a luz. Y cuando este pidió que ella tocase su mano, no sintió ningún dolor, pero sí que se ennegreció su mano como si se hubiese quemado. Y se puso igual de negra que la del esposo Arnolfini. Así, Jean - Philippe Postel determina que la mujer del cuadro es una aparición venida del Purgatorio que le pide a su marido cridad y oraciones para acortar su pena. El marido, muerto de miedo, no la mira, pero si sujeta su mano y jura. 

El autor sostiene que la habitación está preparada para un parto, ya que está decorada de la misma manera que la princesa Aliénor, hija de Isabel de Portugal, aconseja a las nobles como debe estar amueblada su alcoba antes de dar a luz. Por otra parte, hay unas zapatillas rojas. Y esas no pueden venir del Purgatorio. Esas, tienen que ser de la nueva mujer del esposo Arnolfini, que no se encuentra en la pintura, pero que va a dar a luz. Ahí es cuando, Jean - Philippe Postel nos habla de Van Eyk y de su mujer Margarita, que le dio hijos. Y especula con que el esposo de la obra es Jan Van Eyk, la mujer que no se encuentra es Margarita y esta aparición es una mujer anterior. 

Leyendo este ensayo, me he dado cuenta que he conocido mucho más del ensayista que del cuadro. Cuando crees en algo, todos los objetos, ideas y frases que encuentras en torno a esa cosa te demuestran su veracidad, aunque eso que creas sea mentira. San Arnulfo no es el patrón de los cornudos sino de los cerveceros, es muy fácil sacar una conclusión infundada de las palabras de Ovidio; a Jean - Philippe le puede sonar a engaño y a mí me suena a que las promesas son baratas; la aventura de la tía Melanchton es un relato ficticio de Charles Nodier, por más que me esfuerzo no veo mancha alguna en el espejo y si a Van Eyk se le apareció su hipotética esposa muerta, este no tuvo la mano ennegrecida, o al menos no lo sabemos.

Al final, como la teoría de la Navaja Ockham bien dice, la opción más simple suele ser la correcta. Los que aparecen en el cuadro son Giovanni Arnolfini y su esposa. Están casados, a gusto y son felices. Sin embargo, yo también peco en esto de inventar teorías, y sí que me ha parecido muy interesante la comparación de cuadros de Van Eyk que hace Jean - Philippe Postel. En el libro hay una sección dedicadas a láminas de símbolos del cuadro del Matrimonio Arnolfini, así como otras pinturas de Van Eyk.






Hay elementos que se repiten en muchos de sus cuadros, las naranjas, las esculturas en forma de león, los animales domésticos, las zapatillas... y la figura de Santa Margarita. Y es que la mujer de Jan Van Eyk se llamaba Margaret y él estaba enamorado.


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