jueves, 24 de julio de 2025

Javier Lamas y el vacío existencial

 Javier Lamas Martín publica por primera vez de la mano de la editorial Ediciones Derviche, Colecciono Atardeceres, un hermoso compendio de reflexiones en prosa.

La prosa poética del autor de Sacramenia nos transporta a las calles segovianas, ofreciéndonos la tranquilidad que no tenemos en las grandes ciudades. Nos recuerda que las palabras se olvidan, aunque los escritos resisten mejor al paso del tiempo.

Javier Lamas nos habla de su familia, sus amigos, los juegos de su infancia o los viajes que hizo sin contarnos demasiado, pero consiguiendo que nos sintamos identificados con sus palabras. Las descripciones son muy hermosas, el lector puede percibir el color, sabor y olor de los elementos a los que hace referencia Lamas. 

Lo más interesante de este libro es la manera en la que se abordan sentimientos complicados de tristeza: la nostalgia por la infancia o la juventud, los amigos que ya no están, los seres queridos que fallecieron... diferentes formas de vivir el duelo, pero lejos de tratarlo de forma lúgubre o pesimista, se hace referencia a estas emociones como algo hermoso, honrándolas como si contemplásemos un atardecer.

Quiero hacer una mención especial al primer texto del libro, desgarrador y que habla de algo que ha existido desde el principio de los tiempos, de la vida de cada ser y, por supuesto, de este libro, el vacío: "Lo de menos es el lugar, el año, mes, día y hora. Lo dramáticamente inevitable es que nacéis tú y tu vacío, es decir, tú mismo sin esa pieza de puzzle que te falta para sentirte completo". Después, el autor cuenta cómo en ocasiones, con amigos o con una persona especial, ese vacío se vuelve más pequeño, o quizá se siente menos, pero no desaparece. Y nos esforzamos por hacerlo desaparecer, por llenarlo con cosas que no hacen sino agrandar más el hueco. 

No se puede hacer nada con ese vacío, pero este libro lejos de entristecer haciendo referencia a la imposibilidad de que el vacío desaparezca, tranquiliza porque hace presente que el vacío existe, tal y como existen los árboles o el cielo. Que solamente tenemos que aceptarlo y amarlo, como una parte inherente a nosotros. 


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