Me declaro fan incondicional de este tipo de cómics. Muestran cómo es la sociedad actual de forma atractiva y graciosa. Emanuelle Martínez, las hermanas Córcoles o Ana Ocina llenan las librerías con sus dibujos y anécdotas autobiográficas.
Las protagonistas de sus novelas son chicas de una edad comprendida entre los 20 y los 30 años, amantes del consumo, los viajes y oprimidas por los cánones de belleza. Cuando están solteras muestran sus peripecias conociendo a chicos que no buscan nada serio, mientras están en pareja son las que se encargan de organizar su propia vida y la de su novio; da la casualidad de que todas son hetrosexuales, sufren intentando compaginar el orden en la casa y en el trabajo además de que les agobia la idea de tener hijos.
Retratan una sociedad superficial. Quizá por vender, nunca se meten en temas políticos, artísticos, religiosos o filosóficos. Todo es belleza, moda y consumo. Pero hay un factor que las hace más interesantes. Sí que buscan ordenar y clasificar para conseguir que su pequeño mundo sea más fácil de entender. Moderna de Pueblo ha hecho una lista con los tipos de capullos, Las Rayadas un top 5 de las mejores técnicas de masturbación femenina y Ana Ocina explica las diferencias entre ligar a los 20 y a los 30. Cuando toca hablar de sexo, entra la profundidad, quizá porque uno de los mayores logros del siglo XXI sea la liberación sexual de las mujeres.
La francesa Emanuelle Martínez no se ha esforzado en elaborar clasificaciones como estas en su última novela, Ajo y Agua, pero sí que ha hecho un avance dibujando viñetas que tienen que ver con la preocupación de la salud de nuestro planeta. Otro tema que está muy de moda y que en nuestra sociedad consumista se soluciona comprando cosas que se han elaborado de la forma menos perjudicial para el medio ambiente.
martes, 21 de julio de 2020
domingo, 28 de junio de 2020
¿Castigo o rehabilitación?
¿Las cárceles están para castigar o para rehabilitar?
Lo cierto, es que muchas veces se critican las cárceles por lo "blandas" que son, a violadores, asesinos y ladrones les dan comida, agua y cama gratis mientras que gente honrada está en la calle.
Sin embargo, no deberíamos fijarnos en las comodidades que los presos tienen sino en los programas que existen para su rehabilitación. Muchos de ellos están basados en la cultura. Se anima a los presos a que dibujen, canten, hagan teatro o fotografía. Y es que la cultura es rehabilitadora. Un ejemplo, es la cárcel de Cebú CPDRC en Filipinas. En esta cárcel, nada confortable, pues los internos duermen en hamacas hacinados unos con otros y con escasa limpieza, se introdujo un programa de rehabilitación que consistía en bailar.
Las coreografías se viralizaron en Internet y Netflix sacó el documental "Happy Jail" para contar cómo beneficiaba este programa a los presos, se olvidaban de sus problemas, las dificultades en sus vidas o la adicción a las drogas, y de paso, tocaron el tema de la corrupción en la gestión de la prisión. El programa no se ha seguido manteniendo como castigo para los presos debido a la introducción de drogas en el centro y el uso de teléfonos móviles. Pero estas prácticas ilegales ¿se daban por el baile o por la incompetencia del alcaide, el gobernador de la cárcel y el asesor ? Es injusto que los presos tengan que pagar así y dejar de participar en un programa que les está ayudando.
La cárcel del condado de Clark en Indiana, Estados Unidos, en la que se filmó el programa "60 días dentro", mucho menos permisiva, no tenía ni un solo programa de rehabilitación, por lo que muchos de los presos reincidían, el castigo no había servido para nada. Estaban en la cárcel, aburridos, sin aprovechar el tiempo y haciendo el vago. En este programa, participantes inocentes se metían en esta cárcel para vivir la experiencia de los presos durante 60 días. Todos estos participantes se quejaban de que no había un solo programa de rehabilitación y los presos no hacían ninguna actividad productiva.
Lo cierto, es que muchas veces se critican las cárceles por lo "blandas" que son, a violadores, asesinos y ladrones les dan comida, agua y cama gratis mientras que gente honrada está en la calle.
Sin embargo, no deberíamos fijarnos en las comodidades que los presos tienen sino en los programas que existen para su rehabilitación. Muchos de ellos están basados en la cultura. Se anima a los presos a que dibujen, canten, hagan teatro o fotografía. Y es que la cultura es rehabilitadora. Un ejemplo, es la cárcel de Cebú CPDRC en Filipinas. En esta cárcel, nada confortable, pues los internos duermen en hamacas hacinados unos con otros y con escasa limpieza, se introdujo un programa de rehabilitación que consistía en bailar.
Las coreografías se viralizaron en Internet y Netflix sacó el documental "Happy Jail" para contar cómo beneficiaba este programa a los presos, se olvidaban de sus problemas, las dificultades en sus vidas o la adicción a las drogas, y de paso, tocaron el tema de la corrupción en la gestión de la prisión. El programa no se ha seguido manteniendo como castigo para los presos debido a la introducción de drogas en el centro y el uso de teléfonos móviles. Pero estas prácticas ilegales ¿se daban por el baile o por la incompetencia del alcaide, el gobernador de la cárcel y el asesor ? Es injusto que los presos tengan que pagar así y dejar de participar en un programa que les está ayudando.
La cárcel del condado de Clark en Indiana, Estados Unidos, en la que se filmó el programa "60 días dentro", mucho menos permisiva, no tenía ni un solo programa de rehabilitación, por lo que muchos de los presos reincidían, el castigo no había servido para nada. Estaban en la cárcel, aburridos, sin aprovechar el tiempo y haciendo el vago. En este programa, participantes inocentes se metían en esta cárcel para vivir la experiencia de los presos durante 60 días. Todos estos participantes se quejaban de que no había un solo programa de rehabilitación y los presos no hacían ninguna actividad productiva.
domingo, 24 de mayo de 2020
Unorthodox: choque de culturas
Desde que se estrenó el 26 de marzo de 2020, esta miniserie germano-estaunidense lanzada por Netflix no ha parado de causar sensación. Cuenta la historia de Esty, una joven judía jasídica que vive en un barrio de Brooklyn y a la que obligan a casarse con un chico al que apenas conoce. Las estrictas normas de la comunidad, la presión familiar por quedarse embarazada y las continuas prohibiciones la impulsan a escapar a Berlín. Allí, conocerá a un grupo de chicos con los que podrá compartir su talento musical, sin embargo, su familia judía se empeñará en buscarla y traerla de vuelta a Williamsburg.
La serie está inspirada en la novela homónima de Deborah Fieldman. La autora colaboró con la directora del proyecto, y aunque existen muchas diferencias con respecto a la autobiografía de Fieldman, Unorthodox consigue plasmar esas sensaciones de presión y falta de libertad tan presentes en el libro.
Tanto en el libro como en la miniserie, la protagonista encuentra una vía de escape una actividad creativa. Mientras que Esty se refugia en la música, Deborah lo hace escribiendo. Llama la atención que una cultura quiera reprimir actividades, que lejos de perjudicarla la enriquecerían. Si los judíos jasídicos en lugar de prohibir a las mujeres cantar, tocar el piano o escribir, les dejaran hacerlo, la gente no les conocería por la opresión de su cultura sino por el mérito de famosas pianistas, cantantes o escritoras de gran talento.
Podrían comunicar su historia, sus canciones o su forma de vida a gente que no les conociera a través de estas expresiones artísticas. Compartirían sus fiestas, su gastronomía o su forma de vestir haciendo del planeta un lugar más cultural y tolerante, pero parece que prefieren vivir escondidos, sin compartir nada de su mundo.
La serie está inspirada en la novela homónima de Deborah Fieldman. La autora colaboró con la directora del proyecto, y aunque existen muchas diferencias con respecto a la autobiografía de Fieldman, Unorthodox consigue plasmar esas sensaciones de presión y falta de libertad tan presentes en el libro.
Tanto en el libro como en la miniserie, la protagonista encuentra una vía de escape una actividad creativa. Mientras que Esty se refugia en la música, Deborah lo hace escribiendo. Llama la atención que una cultura quiera reprimir actividades, que lejos de perjudicarla la enriquecerían. Si los judíos jasídicos en lugar de prohibir a las mujeres cantar, tocar el piano o escribir, les dejaran hacerlo, la gente no les conocería por la opresión de su cultura sino por el mérito de famosas pianistas, cantantes o escritoras de gran talento.
Podrían comunicar su historia, sus canciones o su forma de vida a gente que no les conociera a través de estas expresiones artísticas. Compartirían sus fiestas, su gastronomía o su forma de vestir haciendo del planeta un lugar más cultural y tolerante, pero parece que prefieren vivir escondidos, sin compartir nada de su mundo.
martes, 14 de abril de 2020
Echar una mano
Seguir confinados no es fácil, pero es necesario que cada uno ponga su granito de arena. Lo estamos haciendo muy bien. La película Contagio estrenada en 2011 y dirigida por Steven Soderbergh, muestra como una pandemia merma la población y no se comportan tan bien como nosotros.
La situación en el largometraje es dramáticamente peor a la que vivimos ahora, el virus es mucho más dañino y mortal, se contagia más rápido y, lo que de verdad marca la diferencia, la sociedad entra en pánico y hay un sentimiento de egoísmo imperante en el filme. Ciudades destrozadas, sucias, comercios saqueados, robos, caos. Los sanitarios en huelga, el presidente escondido, nadie coopera. Lo único que les salva es la ciencia.
Quizá esté resultando más difícil encontrar la vacuna del COVID-19 que la del virus de Contagio, pero la situación está siendo menos dramática ya que todos estamos poniendo de nuestra parte. Los profesionales de la salud estando en primera línea de batalla, los cajeros en los supermercados, los agricultores y ganaderos en las granjas, los encargados de recoger la basura manteniendo las ciudades limpias, aunque parezca que la economía se ralentiza, nuestro país sigue en marcha.
Por supuesto que las industrias culturales también están al pie del cañón. La empresa Exit Room Escape ha creado un escaperoom virtual totalmente gratuito. Quien lo desee podrá resolver una serie de enigmas desde casa para conseguir una suculenta recompensa que valdrá millones en futuro. Además, la temática del escaperoom está estrictamente relacionado con lo que vivimos en la actualidad.
No hay excusas. #Quédateencasa.
La situación en el largometraje es dramáticamente peor a la que vivimos ahora, el virus es mucho más dañino y mortal, se contagia más rápido y, lo que de verdad marca la diferencia, la sociedad entra en pánico y hay un sentimiento de egoísmo imperante en el filme. Ciudades destrozadas, sucias, comercios saqueados, robos, caos. Los sanitarios en huelga, el presidente escondido, nadie coopera. Lo único que les salva es la ciencia.
Quizá esté resultando más difícil encontrar la vacuna del COVID-19 que la del virus de Contagio, pero la situación está siendo menos dramática ya que todos estamos poniendo de nuestra parte. Los profesionales de la salud estando en primera línea de batalla, los cajeros en los supermercados, los agricultores y ganaderos en las granjas, los encargados de recoger la basura manteniendo las ciudades limpias, aunque parezca que la economía se ralentiza, nuestro país sigue en marcha.
Por supuesto que las industrias culturales también están al pie del cañón. La empresa Exit Room Escape ha creado un escaperoom virtual totalmente gratuito. Quien lo desee podrá resolver una serie de enigmas desde casa para conseguir una suculenta recompensa que valdrá millones en futuro. Además, la temática del escaperoom está estrictamente relacionado con lo que vivimos en la actualidad.
No hay excusas. #Quédateencasa.
domingo, 22 de marzo de 2020
El poder de lo cuqui
Estamos viviendo tiempos difíciles. El coronavirus está en nuestro país. A fecha de 22 de marzo, 28.572 contagios y 1.753 muertes en España. Hay personas que dicen que no se vivía una situación tan dura desde la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, algunos tenemos la suerte de no tener que ir a trabajar y poder quedarnos en casa. Para disuadir a las personas de salir de sus hogares, a menos que sea totalmente necesario, las industrias culturales lo están dando todo. Conciertos en streaming, visitas guiadas virtuales, revistas y libros en la red, películas gratis y series ilimitadas. Pero, por si fuera poco, en las redes sociales algunos usuarios se esfuerzan por entretener a sus amigos y demás seguidores a través de challenges. De estos retos, me ha llamado particularmente la atención uno en el que se insta a los usuarios de Instagram a subir una foto de su niñez. Y es que los niños cada vez están más presentes en esta red social.
Instagram está lleno de madres que suben fotos de sus pequeños, pero también está colmado de objetos adorables, dibujitos y animalitos. La tesis de Simon May en su libro "El poder de lo cuqui" es que estas manifestaciones edulcoradas no están solo presentes en Internet sino en la mayoría de los aspectos de nuestra vida.
Niños, jóvenes y adultos de todas las edades no pueden evitar sonreír cuando ven un cachorrito de ojos grandes. En Alemania tuvo más impacto el nacimiento de una zarigüella vizca en el zoo de Leipzig que la Primavera Árabe y los vídeos de gatitos son los que más likes tienen en You Tube.
¿A qué se debe toda esta idolatría?
Según Simon May, tras la Segunda Guerra Mundial las personas necesitaban olvidar el dolor del pasado a través de elementos que les inspirasen bondad, ternura e inocencia. Esto desembocó en un afán por idealizar la infancia hasta el punto de observar esta como la etapa de la vida más importante del ser humano y la que determina su futuro. Se volvió más importante el amor a los hijos que a la pareja y satisfacer sus deseos como el deber de todo padre. Las industrias culturales, de publicidad y de todo tipo de productos utilizaban como logos todo aquello que inspirase ese afán de protección. Se humanizaban los objetos y los animales para que estos pareciesen más cuquis. Sin embargo, en ese afán de adoración hay un punto sádico. Nos parece más adorable aquello que vemos más indefenso. Y es que cuando está más lindo Winnie de Pooh es en el momento en el que sufre por conseguir la miel. Esto se produce porque deseamos que esas cosas que adoramos nos necesiten y sean más dependientes de nosotros.
¿O somos nosotros los que las necesitamos? Hay algo tenebroso en lo cuqui. Hello Kitty no tiene boca ni dedos y nos parece monísima. Nos fascina. Y esto es porque como dice May "lo cuqui oscila caprichosamente entre conocimiento y desconocimiento, lo hogareño y lo enajenado, lo luminoso y lo oscuro, el placer y el dolor, lo inofensivo y la amenaza, la armonía y la disonancia, lo que tiene forma y lo deformado, la inocencia y la sabiduría, la necesidad y la autosuficiencia, la vulnerabilidad y la resiliencia, e incluso lo humano y lo inhumano sin tomar nunca una posición clara. Sin ni siquiera buscar una resolución de esas tensiones".
Sin embargo, algunos tenemos la suerte de no tener que ir a trabajar y poder quedarnos en casa. Para disuadir a las personas de salir de sus hogares, a menos que sea totalmente necesario, las industrias culturales lo están dando todo. Conciertos en streaming, visitas guiadas virtuales, revistas y libros en la red, películas gratis y series ilimitadas. Pero, por si fuera poco, en las redes sociales algunos usuarios se esfuerzan por entretener a sus amigos y demás seguidores a través de challenges. De estos retos, me ha llamado particularmente la atención uno en el que se insta a los usuarios de Instagram a subir una foto de su niñez. Y es que los niños cada vez están más presentes en esta red social.
Instagram está lleno de madres que suben fotos de sus pequeños, pero también está colmado de objetos adorables, dibujitos y animalitos. La tesis de Simon May en su libro "El poder de lo cuqui" es que estas manifestaciones edulcoradas no están solo presentes en Internet sino en la mayoría de los aspectos de nuestra vida.
Niños, jóvenes y adultos de todas las edades no pueden evitar sonreír cuando ven un cachorrito de ojos grandes. En Alemania tuvo más impacto el nacimiento de una zarigüella vizca en el zoo de Leipzig que la Primavera Árabe y los vídeos de gatitos son los que más likes tienen en You Tube.
¿A qué se debe toda esta idolatría?
Según Simon May, tras la Segunda Guerra Mundial las personas necesitaban olvidar el dolor del pasado a través de elementos que les inspirasen bondad, ternura e inocencia. Esto desembocó en un afán por idealizar la infancia hasta el punto de observar esta como la etapa de la vida más importante del ser humano y la que determina su futuro. Se volvió más importante el amor a los hijos que a la pareja y satisfacer sus deseos como el deber de todo padre. Las industrias culturales, de publicidad y de todo tipo de productos utilizaban como logos todo aquello que inspirase ese afán de protección. Se humanizaban los objetos y los animales para que estos pareciesen más cuquis. Sin embargo, en ese afán de adoración hay un punto sádico. Nos parece más adorable aquello que vemos más indefenso. Y es que cuando está más lindo Winnie de Pooh es en el momento en el que sufre por conseguir la miel. Esto se produce porque deseamos que esas cosas que adoramos nos necesiten y sean más dependientes de nosotros.
¿O somos nosotros los que las necesitamos? Hay algo tenebroso en lo cuqui. Hello Kitty no tiene boca ni dedos y nos parece monísima. Nos fascina. Y esto es porque como dice May "lo cuqui oscila caprichosamente entre conocimiento y desconocimiento, lo hogareño y lo enajenado, lo luminoso y lo oscuro, el placer y el dolor, lo inofensivo y la amenaza, la armonía y la disonancia, lo que tiene forma y lo deformado, la inocencia y la sabiduría, la necesidad y la autosuficiencia, la vulnerabilidad y la resiliencia, e incluso lo humano y lo inhumano sin tomar nunca una posición clara. Sin ni siquiera buscar una resolución de esas tensiones".
jueves, 27 de febrero de 2020
Los 25 años del Teatro de la Abadía
A partir del 23 de febrero, el Teatro de la Abadía, situado en la calle Fernández de los Ríos de Madrid, ofrece una actuación gratuita, de unos 50 minutos, hasta completar aforo para conmemorar sus 25 años.
La obra está a cargo del grupo "espectadores en acción", personas aficionadas al teatro, que han participado en representaciones de la Abadía y quieren compartir su formación y experiencias. El objetivo de este grupo es "celebrar el poder de la mitificación que tiene el teatro y la capacidad de imprimir un recuerdo intensificado o multiplicado por el poder de la experiencia compartida".
El espectáculo pretende hacer entender al espectador que el teatro va cambiando según pasa el tiempo y no hay que molestarse por ello. La obra no tiene un guion estructurado sino que muestra las anécdotas, testimonios y experiencias que se han dado durante los 25 años de la historia del teatro a través de música, entrevistas no estructuradas, baile y comedia.
Buscan aprovechar todos los elementos del teatro jugando con la música, los sonidos, las imágenes, el decorado, las luces, las cámaras y hasta el espectador que también participa en la obra con sus reacciones. De hecho, en un momento de la representación, los espectadores deben abrazarse.
También se hace alusión a otras obras de teatro, actores, actrices y cómo estos quieren compartir sus éxitos con familiares y amigos.
La obra empieza y termina de la misma manera. Los actores bailan en la fiesta de los 25 años del Teatro de la Abadía. Y es que en 25 años que tiene este teatro, las representaciones han cambiado mucho y se han conectado con la actualidad imperante en cada momento. Si en sólo 25 años el teatro puede cambiar tantísimo, no imaginemos lo que ha evolucionado desde las primeras representaciones de autor conocido en el siglo XV.
domingo, 26 de enero de 2020
Unos premios Goya muy españoles
Se podrían destacar muchas cosas de los Goya. Podría decirse que el color blanco fue el más repetido en la alfombra roja o que a Pedro Almodóvar se le escapó que Penelope Cruz entregaría el Óscar a mejor película de habla no inglesa.
Podría resaltarse que el Goya a mejor actriz revelación se lo llevó Benedicta Sánchez de 84 años que lo recibió sonándose y guardándose el pañuelo en la manga. Pero fue Julieta Serrano la actriz de mayor edad que ha recibido un Goya a los 86 años.
Muchos pondrán el foco en que Dolor y Gloria fue la gran ganadora de la noche con 7 premios, entre los que destacan mejor película, mejor dirección, mejor actor protagonista y mejor guion original. Dirán que Almodóvar se mostró muy emocionado al escuchar las palabras de agradecimiento de Antonio Banderas.
Algunos destacarán que el galardón a mejor actriz protagonista se lo llevó Blanca Cuesta el día después de su cumpleaños y se reirán cuando recuerden que mientras anunciaban el nombre de la ganadora alguien del público gritó: "¡Estefanía!".
Y otros opinarán sobre cómo Andreu Buenafuente y Silvia Abril amenizaron la gala con sus continuos cambios de vestuario, canciones, bailes y bromas de las que ni el mismísimo Presidente del Gobierno se libró.
Sin embargo, si yo tuviera que remarcar algo de la edición de los Premios Goya de este año ha sido el fuerte sentimiento de pertenencia a España presente durante toda la gala. La entrega de premios ha comenzado con un espectáculo musical que resumía la historia del cine español. Algunas de las frases que se oían en este número fueron: "El cine nos aúna, el cine nos hermana pero los americanos parten la pana. Americanos llegan a España gordos y sanos" o "Silvia, anímate tú que en animación somos potencia mundial". Muchos recordaron que España es un país que acoge a los inmigrantes y que no debemos olvidar a los refugiados. Otros dijeron que España es un país de países. Y si hay algo que es muy español es darle el Goya de Honor a Marisol. Tras los temas de la artista que cantaron Amaia Romero y Celia Flores, las hijas de Pepa Flores recogieron el galardón. María Esteve dijo unas palabras en las que se refleja el gran trabajo que hizo su madre por el cine de este país: "No te lo crees, pero has hecho felices a muchas personas en tu carrera. Hoy solo queremos decirte que en ese lugar en calma que tanto te ha costado, disfrútalo".
Podría resaltarse que el Goya a mejor actriz revelación se lo llevó Benedicta Sánchez de 84 años que lo recibió sonándose y guardándose el pañuelo en la manga. Pero fue Julieta Serrano la actriz de mayor edad que ha recibido un Goya a los 86 años.
Muchos pondrán el foco en que Dolor y Gloria fue la gran ganadora de la noche con 7 premios, entre los que destacan mejor película, mejor dirección, mejor actor protagonista y mejor guion original. Dirán que Almodóvar se mostró muy emocionado al escuchar las palabras de agradecimiento de Antonio Banderas.
Algunos destacarán que el galardón a mejor actriz protagonista se lo llevó Blanca Cuesta el día después de su cumpleaños y se reirán cuando recuerden que mientras anunciaban el nombre de la ganadora alguien del público gritó: "¡Estefanía!".
Y otros opinarán sobre cómo Andreu Buenafuente y Silvia Abril amenizaron la gala con sus continuos cambios de vestuario, canciones, bailes y bromas de las que ni el mismísimo Presidente del Gobierno se libró.
Sin embargo, si yo tuviera que remarcar algo de la edición de los Premios Goya de este año ha sido el fuerte sentimiento de pertenencia a España presente durante toda la gala. La entrega de premios ha comenzado con un espectáculo musical que resumía la historia del cine español. Algunas de las frases que se oían en este número fueron: "El cine nos aúna, el cine nos hermana pero los americanos parten la pana. Americanos llegan a España gordos y sanos" o "Silvia, anímate tú que en animación somos potencia mundial". Muchos recordaron que España es un país que acoge a los inmigrantes y que no debemos olvidar a los refugiados. Otros dijeron que España es un país de países. Y si hay algo que es muy español es darle el Goya de Honor a Marisol. Tras los temas de la artista que cantaron Amaia Romero y Celia Flores, las hijas de Pepa Flores recogieron el galardón. María Esteve dijo unas palabras en las que se refleja el gran trabajo que hizo su madre por el cine de este país: "No te lo crees, pero has hecho felices a muchas personas en tu carrera. Hoy solo queremos decirte que en ese lugar en calma que tanto te ha costado, disfrútalo".
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