domingo, 16 de febrero de 2025

El sonido de Los Pilares de la Tierra

La aclamada novela de Ken Follet ambientada en la Inglaterra feudal del siglo XII ha sido adaptada a un musical producido por Iván Macías. Se puede ver en el teatro EDP de Gran Vía y las redes sociales anunciaban que era un plan perfecto para el día de San Valentín. Había que acudir a la cita.

Uno de los mejores consejos que me han dado nunca es la necesidad de leer la obra antes de ver el musical que está basado en ella. La novela del autor galés tiene 1040 páginas y yo tenía poco más de un mes para leerla, así que tomé una decisión propia de una joven que tiene una vida acelerada y cuyo uno de sus placeres culpables es amar la sociedad líquida actual; me escuché el audio libro. Tenía 46 horas de escucha y un mes por delante. Seguro que lo iba a conseguir.

Fue todo un descubrimiento, es un placer sentir la compañía de un buen libro mientras se realizan tareas cotidianas como ordenar la ropa o lavarse los dientes. Se siente como si el propio libro hablara a quien lo escucha, y es muy ameno oír las voces de los personajes interpretadas por el narrador. Es una nueva forma de imaginar, más teatralizada. Por otro lado, no se siente esa tranquilidad propia de pararse a leer ni la experiencia completa de viajar a otro mundo. Sin embargo, sí que se tiene una agradable sensación de control y productividad. Se consigue realizar todas tareas a la vez que se escucha un buen libro. Es un incentivo para limpiar o hacer ejercicio obteniendo como premio el placer de la buena literatura. Un analgésico para el estrés del día a día. 

Aún así llegué muy justa a terminar la lectura. Tengo que reconocer que aumenté la velocidad del discurso del narrador al 1,5. Es muy útil la posibilidad de cometer un sacrilegio así, tal y como es útil atiborrarse de café para no dormir en la víspera de un examen importante. Está bien tener la libertad de cometer esos pecados si no hay más remedio, pero que sean pocas veces en la vida.

Menos mal que me pude meter todo el libro, porque si la velocidad aumentada condesa la obra de Follet, la adaptación cantada lo hace aun más. Aunque es un placer escuchar la voz de Julio Morales, quien interpreta a Tom Builder, lo que me faltó en el musical fueron escenas y descripciones en las que se había hecho mucho hincapié en la novela. Es un libro muy gráfico en el que incluso se puede sentir asco por el retrato de algunas escenas sangrientas. En el musical no se percibía esa sensación de violencia que producía el libro ni tampoco esa pasión desgarradora de los enamorados. Aunque hay que decir que sí que se entienden mucho mejor las tramas históricas propias de la anarquía inglesa.

Si el sonido fue un elemento clave en mi experiencia con el audiolibro lo fue aun más cuando vi el musical. Los micrófonos dejaron de funcionar en mitad de la obra y estuvimos una hora esperando a que pudiesen solucionar el incidente. El mismísimo Iván Macías salió un par de veces a pedir disculpas y alegó que en Londres también habían tenido una incidencia técnica. El calor del teatro y la espera hicieron que la audiencia se quejara y silbara. Algunos hasta abandonaron sus asientos y salieron del teatro. Además, era San Valentín, un día para el que se esforzaron por llenar el teatro a través de publicidad y descuentos. Un día en el que las parejas se vuelven exigentes entre sí y también con el universo. Un día en el que todo debe ser perfecto y cualquier error se magnifica. Iván Macías con voz temblorosa dijo que lo habían conseguido solucionar ya que todo el equipo, elenco incluido, estuvo implicado en ello y aunque mereció la pena ver el final, una sensación de nerviosismo se apoderó de mí durante el resto de la obra porque no les volviera a ocurrir el fatal susto.

En algunos medios ya hablaron de los problemas de sonido de este espectáculo: "pésima calidad del sonido: radiofrecuencias que se anulan; micrófonos que fallan; mala respuesta de esos micrófonos, o mala ecualización (con un recorte de armónicos y de frecuencias que deja las voces tan opacas y desnaturalizadas como la del tapicero en su furgoneta), inexplicable sobreamplificación (todo suena atronador)…" puntualizaba Raúl Losánez en su crítica del 2 de noviembre en La Razón. En estos meses tendrían que haberle dado una vuelta a este tema ya que en un libro el sonido no es importante, pero sí que lo es en un musical. Es triste que el audiolibro supere en temas de sonido a una repreentación que está hecha para ser escuchada además de vista.

Aún así, ha sido todo un descubrimiento para mí tanto la novela como el musical y ha aumentado mi interés por novela histórica, un género que me entusiasmaba menos que otros. 




viernes, 17 de enero de 2025

La cabina

Si visitas la exposición permanente de la Fundación Telefónica, verás las cabinas de teléfono. Estos antiguos medios de comunicación fueron muy populares en los años 60 y 70 en España. Hoy el 88% de los españoles nunca ha utilizado una cabina telefónica.

En aquellos años en los que las cabinas telefónicas eran la novedad, se estrenó un mediometraje en televisión que conmocionó a la población, La Cabina, protagonizada por José Luis López Vázquez y dirigida por Antonio Mercero. 

Cada uno de los 35 minutos que dura el film son una joya; la banda sonora, la fotografía, el lenguaje visual y, sobre todo, la brillante actuación del actor producen en el espectador muchos sentimientos: risa, compasión, tristeza y, sobre todo, mucha ansiedad.

Tras dejar a su hijo en el autobús para que vaya al colegio, nuestro hombre prueba la nueva cabina que han instalado en el parque. El teléfono no da señal. De pronto, se cierra súbitamente la puerta del cubículo y este señor no puede salir. Empuja la puerta, y no hay manera. Los viandantes lo ven, y después de reírse de él, intentan sacarle, pero es imposible. No puede ni un hombre forzudo, ni los incompetentes bomberos y la policía hace el ridículo. Finalmente, las personas que han instalado la cabina, se llevan la misma con el protagonista dentro. 

Tras ver la película, ganadora de un premio Emmy, los espectadores quedaron tan asustados que no se atrevían a meterse dentro de una cabina telefónica. Ponían el pie o le pedían a un acompañante que les sujetara la puerta. Telefónica tuvo que emitir un anuncio con José Luis López Vázquez dando cuenta de la seguridad de las cabinas telefónicas.

Se ha relacionado el significado de esta película corta con el regimen franquista imperante en aquella época. Dando cuenta de que las soluciones a los problemas sociales son la fuerza bruta, unos trabajadores y servicios públicos incompetentes y una policía que hace el rídiculo. Como es imposible solucionar así estos problemas sociales, es mejor esconderlos y dejar que se pudran.

Puede ser un buen análisis, pero  el simbolismo para esta película joven a pesar de los años podría aplicarse a la situación política de cualquier país en la actualidad. También quizá, a la salud mental. Cuando se entra en una depresión, todo el mundo quiere ayudar, dan consejos que no sirven, utilizan la fuerza o a llaman a profesionales. Ante la imposibilidad de sacar al paciente de esa situación, se  se le mira como a un mono de feria, y no se le comprende. Ante la falta de soluciones, se le esconde y se le deja morir. Y esas mismas personas que esconden al enfermo son los que han ocasionado esa situación. 

Quizá la única manera de salir de la cabina sea desde dentro.

martes, 17 de diciembre de 2024

El infierno en Mayo

Estas navidades podemos disfrutar de la copia del Jardín de las Delicias en la madrileña galería Estampa. Lo que llama la atención de estas reproducciones es que no son totalmente fieles al Bosco, sucediéndose elementos contemporáneos como personajes de La Guerra de las Galaxias o el rostro de Marilyn Monroe.

¿Por qué aparecen estos personajes en las copias? El pasado sábado tuve la suerte de poder responder a esta pregunta gracias a la explicación que nos dio su autor, Luis Mayo, de su obra.



Un señor distinguido que hacía llamarse Juan Pájaro acudió a la Academia de Bellas Artes de San Fernando solicitando una autorización que le permitiera copiar el cuadro del Jardín de las Delicias del Prado. Mayo se lo concedió sin pensarlo y Pájaro se sintió ofendido por la facilidad con la que le habían dado el permiso.

A pesar de este desencuentro, Mayo y Pájaro hicieron buenas migas y el copista del Prado le explicó al artista por qué había copiado el encuentro de Adán y Eva de esa manera. Juan Pájaro añadió en el cuadro animales como el rinoceronte o el flamenco atribuyéndoles características masculinas o femeninas, según su opinión.

También aparece una cueva que tiene la forma de una cabeza daliniana, sobre la que Juan Pájaro dijo que Dalí fue quien copió esta idea.

Luis Mayo comentó que Juan Pájaro y él celebraban cenas líquidas, siendo el único alimento el alcohol. Juan Pájaro no deseaba comer nada más. Para demostrar a los visitantes cómo eran estas cenas líquidas, el artista nos ofreció unos graciosos bombones de licor con forma de botella.

Después de una de esas cenas, Pájaro le dijo a Mayo que los personajes de La Guerra de las Galaxias que había plasmado en sus copias, realmente existieron en esa primera época del Jardín de las Delicias, y Hollywood los había usurpado para sus películas. El cine de ficción y fantasía lo copiaba. También decía que el arte provenía del infierno y por eso se encontraba la cara de la Marilyn de Warhol allí.

La amistad entre Luis Mayo y Juan Pájaro se afianzó cuando Mayo copió los cuadros de Pájaro en tamaño pequeño. Tan grande fue el gozo del copista que le nombró su sucesor. Ante tanta alegría Mayo pintó dormido unos cuadros que no recordaba. Fue como si el mismísimo Bosco le hubiera estado guiando.


Tras esto, el copista del Prado cayó muy enfermo. Tanto él como Mayo pensaron que era debido al saturnismo, una enfermedad que contraen los pintores debido al plomo presente en los pigmentos de los colores.

Los síntomas de esta afección son fatiga extrema, dolor abdominal, irritabilidad, insomnio y pérdida de memoria así como fallos renales. El médico de Pájaro dijo que simplemente el copista del Prado había consumido demasiado alcohol. Mayo no le creyó y se enfureció con él.

Para animar al copista, Mayo pintó unos cuadros. Los simpáticas criaturas que aparecieron en los pergaminos consiguieron hacer reír al moribundo Pájaro.

Mayo, también guiado por el Bosco pintó una copia fiel de los cuadros del Prado pero rodeada de un tranquilo paisaje, como si estas pinturas estuvieran en la Montaña Palentina. Y siguiendo con esta inspiración, Mayo pintó un infierno primaveral más amable, en e el que había crecido la hierba. Lo que parecían instrumentos de tortura eran, en realidad, atracciones. El infierno en Mayo.




Pájaro, al borde de la muerte, quiso que le enterraran envuelto en los lienzos de sus cuadros. Mayo no quería que estos se perdieran, por eso, los reprodujo de nuevo, y son los que podemos encontrar en esta exposición. Bosco Y Pájaro se aparecieron en la parte del tríptico perteneciente al infierno, diciendo a Mayo que ese era el lugar reservado para el arte. Pero Mayo prefirió creer que el infierno es un lugar más amable, primaveral, un mes de mayo.

Los visitantes nos quedamos reflexionando sobre esta historia. Sobre si de verdad existió Juan Pájaro o si ciertamente el Bosco fue quien guio a Pájaro para que pintase aquellos cuadros. Yo no me creo demasiado esas historias, pero sí creo que el infierno, por lo menos el de los artistas, es un sitio más primaveral y agradable de lo que creemos como piensa Mayo.




sábado, 9 de noviembre de 2024

¿Quiero ser mamá?

Esta semana ha sido la fiesta del cine y hemos tenido el placer de disfrutar de películas muy buenas y profundas en cartelera.  He visto el Joker 2, a pesar de sus malas críticas, ahonda en temas como las relaciones tóxicas, el amor real en contraposición con la idealización y el verdadero yo. También he disfrutado de La Sustancia, filme que es brillante visualmente; como pocos que de verdad es obligatorio verlo en el cine para tener una experiencia completa; está muy bien hecho y trata de cómo la sociedad nos impone unos cánones de belleza imposibles de conseguir, para los que nos terminamos haciendo daño a nosotros mismos. Pero de la que quiero hablar es quizá la menos simbólica y la que menos presupuesto ha tenido de las películas que he visto esta semana: Salve María.

La vi en una sala pequeñita de los cines Renoir en versión original, en catalán. Este thriller de Mar Coll nos cuenta la historia de María, una joven y prometedora escritora y madre primeriza, que, cuando se topa con la noticia escalofriante de que una mujer francesa ha ahogado a sus gemelos de 10 meses en una bañera, se obsesiona con la idea de matar a su bebé.

Es una película de terror costumbrista y está muy bien que trate sin ningún simbolismo un tema tabú: la depresión post parto. Hay que decir claramente que muchas mujeres no sienten ese vínculo romantizado cuando sostienen a sus bebés que tanto nos venden las redes sociales. No se sienten realizadas, pierden su individualidad y se sumen en una gran oscuridad protagonizada por el miedo, la culpa y la tristeza. La sociedad les exige que sean de una manera y les culpa por no sentirse felices. 

Empiezo a ver a muchas mujeres de mi entorno que se quedan embarazadas y automáticamente empiezan a opinar sobre ellas. Algo tan íntimo como el nombre del bebé empieza a ser cuestionado, cuando este nace se pasa a criticar la forma de criar al niño y se pone en duda hasta lo que siente la madre. 

Es muy fuerte que en la película María esté preocupada porque su hijo no deja de vomitar la leche que ella produce. Todos le dicen que es normal y que no se altere. Al final resultó que tenía una mastitis. ¿Por qué no le hicieron caso? 

Ella le implora a su marido que se coja la baja de paternidad, mientras el otro le pide a ella que hable a su bebé. Pero cuando ella le da al niño un momento, él pasa del pequeño Eric y se pone a mirar el teléfono móvil. 

Estos pequeños factores, que se pueden resumir en la falta de escucha, si se hubiesen evitado, quizá habrían atenuado la depresión post parto de María. Tener un hijo es una decisión muy seria que trivializamos y romantizamos mucho. Un hijo es para toda la vida y debemos pensarlo bien. Hace unos años habría afirmado que quiero ser mamá si ninguna duda. Ahora me lo pregunto: ¿quiero ser mamá?




domingo, 20 de octubre de 2024

Violencia audiovisual

Durante un octubre lluvioso y con Halloween a la vuelta de la esquina no hay nada que apetezca más que una peli de miedo. Encontré en Netflix una joya de los 90, Tesis, de Alejando Amenábar, estrenada en 1996.

Con esta película el director español ganó su primer Goya, y no me extraña. El buen cine de terror no es banal pues es el género que más interactúa con el espectador. No se da tanta importancia a la historia sino más bien a las emociones del público. La audiencia es lo importante. Lo que importa es que no nos queramos levantar del asiento, que nos asustemos, chillemos, demos saltitos en la butaca, queramos abrazar al de al lado, nos sorprendamos y lo mejor de todo, después de ver la película no podamos dormir.

Es verdad que, aunque esta película no me quitó el sueño, sí que consiguió hacerme pensar. Así que además de ser una buena película de terror es profunda y de ella podemos extraer alguna reflexión e incluso enseñanza.

Los protagonistas de este film son unos jovencísimos Ana Torrent, Eduardo Noriega y Fele Martínez. La protagonista, Ángela, está trabajando en su tesis sobre violencia audiovisual e investigando sobre vídeos perturbadores. Da con una cinta snuff, sobre un asesinato real en la universidad, que la empujará a descubrir qué ha pasado.

Podría dar la impresión de que la película es gore, pero no lo es en absoluto, sí que logra asustar, confundir y sorprender. Y lo que me parece más interesante es la reflexión que plantea, como he dicho antes, el cine de terror es bueno cuando genera muchas emociones, y a veces los informativos y programas de entretenimiento quieren que estemos tan pendientes de la pantalla como cuando vemos cine de terror. 

Además, el hecho de que sepamos que un asesinato es real, genera mucha inquietud. Un disparo en una película de miedo no nos sorprenderá, pero, ¿y cuándo sabemos que eso es real? Cuando en el telediario avisan de que las imágenes pueden herir la sensibilidad, nos pegamos más a la pantalla. Cada vez estamos más insensibilizados y nos acostumbramos a ver imágenes más y más duras. 

Me hubiera gustado leer la tesis de Ángela, y ver por qué nos gusta tanto la violencia audiovisual y hasta qué punto es ético utilizarla para subir las audiencias.

domingo, 15 de septiembre de 2024

Los cactus de Mercedes

 Desert City es un jardín botánico y vivero especializado en plantas del desierto, destacando los cactus. Se encuentra en la autopista A-1 muy cerca de San Sebastián de los Reyes. 


Tuvimos la suerte de que, vestida de vaquera del oeste,  la fundadora del espacio, Mercedes García Bravo nos hiciera una visita guiada por su jardín. Mercedes es farmacéutica e ingeniera agrónoma, siempre le apasionaron los cactus y decidió cumplir un sueño, construir un vivero de cactus en Madrid, el más grande de Europa, que permitiera transmitir el valor que tienen estas especies y cómo su cultivo y paisajismo puede ser sostenible. 

El jardín está dividido por zonas, habiendo espacios africanos, norteamericanos, sudamericanos, asiáticos y mediterráneos. Aunque tienen pesticidas a mano por si hubiese una plaga difícil de vencer, en este espacio se apuesta por la agricultura y el paisajismo sostenibles, de manera que construyen casitas de insectos para control biológico. De modo que insectos buenos como las mariquitas se comen a insectos malos para las plantas como los pulgones y así evitan plagas. 


Gracias a Mercedes aprendimos algunas de las utilidades que tienen los cactus, no solo quedan preciosos como decoración sino que su esqueleto de madera se puede utilizar para construir muebles, son una fuente de líquido en el desierto, plantas como el agave permiten elaborar licores como el té quila y algunos tienen propiedades espirituales y religiosas. 

Aprendimos mucho sobre estas especies, ya que, por ejemplo, gracias a Mercedes, una auténtica experta en esta materia, descubrimos la diferencia entre espinas, que son lo que poseen los cactus, las púas de los rosales y los pinchos de las euforbias. Las euforbias son las plantas típicas de los desiertos de África, los cactus son originarios del continente americano, estas euforbias parecen cactus pero no lo son.  Las espinas tienen aureolas, los pinchos están anclados y las púas no están firmemente ancladas, pero no tienen aureola. 

De la mano de Mercedes aprendimos muchas curiosidades de las plantas del desierto, cómo cuidarlas mejor; por ejemplo, no conviene regar a los cactus en invierno ya que eso hace que sientan mucho frío; y, en especial, el valor que tienen estas especies. Se espera que para 2050 Madrid tenga el mismo clima que Marrakech y es muy posible que si queremos hacerlo más habitable necesitemos plantar especies que no necesiten demasiado mantenimiento como son los cactus o las plantas crasas.

La chumbera ha sido declara especie invasora y ahora mismo está prohibida su comercialización en España. Estas plantas son un gran alimento para el ganado y, teniendo en cuenta, que dos de los objetivos de desarrollo sostenible para el año 2030 son acabar con el hambre y la pobreza, sería muy interesante plantar estas especies que tan poco cuidado necesitan en países donde falte la comida y el agua para así tener una fuente de alimento para el ganado y también para las personas que lo demanden. 


Mercedes es una fuente de inspiración ya que ha convertido su afición en su profesión y ha encontrado la manera de que esta afición sea una fuente de enriquecimiento y ayuda a la sociedad. Es un placer visitar el Desert City y, por eso, lo recomiendo, al igual que comprar alguna planta del desierto de las que hay disponibles en el vivero y, cómo no, hacerse una foto en el sillón del cactucionista.




viernes, 23 de agosto de 2024

Una lectura corta antes de dormir

Lo que más ayuda a atrapar sueño antes de dormir es dejar el móvil bien lejos y ponerse a leer un relato, el capítulo de una novela, un artículo o incluso un libro entero.

Sí, ¿por qué no? hay libros que se pueden leer en menos de una hora, sintéticos, de letra grande, interesantes y bien escritos. Un ejemplo es "Todos deberíamos ser feministas" de la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie.


Este librito es la transcripción de una charla TED que dio Chimamanda en 2012 en un simposio centrado en África y que está disponible en YouTube. El discurso duró lo que se tarda en leer el libro, media hora.

A través de anécdotas Chimamanda hace referencia a las desigualdades entre hombres y mujeres de su Nigeria natal. Allí, son tan extremas que no permiten que mujeres entren solas en locales de ocio nocturno y cuando van acompañadas por un hombre, no se les saluda a ellas sino a su acompañante masculino.

Pero, sin embargo, cuando ella habla de sus amigas estadounidenses nos damos cuenta de que aquí en occidente se tienen los mismos estereotipos acerca de las mujeres feministas que en África. Mujeres enfadadas, que no se maquillan ni se depilan y odian a los hombres.

Además, al igual que en África en occidente a las mujeres nos importa mucho lo que opinen de nosotras y por ello sobre analizamos qué decir, cómo vestir y cómo comportarnos. En Estados Unidos no se quejaban del comportamiento de un jefe estricto pero sí del de una jefa estricta.

También es verdad que en Occidente, tal y como sucede en África, los hombres no pueden mostrar sus sentimientos y preocupaciones como lo hacen las mujeres, para que no se les tache de débiles.

Chamamanda concluye en su libro que todos deberíamos ser feministas para ser libres, para que las mujeres podamos sentir enfado y demostrarlo y para que los hombres puedan sentir tristeza y demostrarlo.