domingo, 24 de agosto de 2025

La maldad de lo cotidiano

La película La Zona de Interés estrenada en 2023 y dirigida por Jonathan Glazer, cuenta la historia del comandante Rudolf Höss. Él y su esposa Hedwig viven con su familia en una hermosa casita con piscina que colinda con el campo de concentración de Auschwitz. 

Esta película, grabada en formato de falso documental, en el que vemos imágenes estáticas de la familia tal y como les veríamos en un reality show, muestra cómo los Höss hacen su vida sin que les afecten los gritos de los judíos prisioneros, el humo que sale de las chimeneas o la ceniza que sobrevuela su casa. Lo ven como algo cotidiano. 

De hecho, tras el anuncio del traslado de su marido, Hedwig se muestra histérica y desesperada. Ella quiere quedarse en esa casa, con sus hijos aunque no esté su marido. ¿No debería estar deseando olvidarse de los gritos que vienen de afuera? No por humanidad, sino más bien por comodidad. Pero es como si se hubiera acostumbrado. Como si su piscina, su invernadero o su jardín paliaran el hecho de que se están asesinando a seres humanos al lado de su puerta.

Cuando su madre va a visitar a Hedwig, a pesar que alaba las instalaciones en donde su hija vive, apenas aguanta allí más de un fin de semana, el humo del campo la hace toser y el fuego la despierta de su apacible sueño. 

El espectador se centra tanto en las vivencias de la familia, que también acaba por olvidarse de los gritos que se oyen desde fuera.

Y las imágenes que aparecen al final de la película, en la que los operarios del museo de Auschwitz limpian los cristales detrás de los cuales se encuentran zapatos de personas que han sido gaseadas, como algo cotidiano, algo que hacen cada día, algo que incluso ha perdido su sentido evidencian más esa maldad de lo cotidiano, esa inmunidad ante el sufrimiento ajeno.

Pero si nos ponemos a reflexionar en nuestro día a día, comemos viendo un telediario que muestra a niños asesinados en Gaza, viajamos en metro con  personas que duermen en la calle o presenciamos accidentes de tráfico sin inmutarnos. Nos parece cotidiano. Como si esas personas no fueran reales, estuvieran en otra dimensión, jugaran a otro juego. No nos afecta su malestar. Esa es la maldad de lo cotidiano. Centrarse tanto en los problemas individuales, cotidianos, pasándonos desapercibidos quienes están sufriendo de verdad.

jueves, 24 de julio de 2025

Javier Lamas y el vacío existencial

 Javier Lamas Martín publica por primera vez de la mano de la editorial Ediciones Derviche, Colecciono Atardeceres, un hermoso compendio de reflexiones en prosa.

La prosa poética del autor de Sacramenia nos transporta a las calles segovianas, ofreciéndonos la tranquilidad que no tenemos en las grandes ciudades. Nos recuerda que las palabras se olvidan, aunque los escritos resisten mejor al paso del tiempo.

Javier Lamas nos habla de su familia, sus amigos, los juegos de su infancia o los viajes que hizo sin contarnos demasiado, pero consiguiendo que nos sintamos identificados con sus palabras. Las descripciones son muy hermosas, el lector puede percibir el color, sabor y olor de los elementos a los que hace referencia Lamas. 

Lo más interesante de este libro es la manera en la que se abordan sentimientos complicados de tristeza: la nostalgia por la infancia o la juventud, los amigos que ya no están, los seres queridos que fallecieron... diferentes formas de vivir el duelo, pero lejos de tratarlo de forma lúgubre o pesimista, se hace referencia a estas emociones como algo hermoso, honrándolas como si contemplásemos un atardecer.

Quiero hacer una mención especial al primer texto del libro, desgarrador y que habla de algo que ha existido desde el principio de los tiempos, de la vida de cada ser y, por supuesto, de este libro, el vacío: "Lo de menos es el lugar, el año, mes, día y hora. Lo dramáticamente inevitable es que nacéis tú y tu vacío, es decir, tú mismo sin esa pieza de puzzle que te falta para sentirte completo". Después, el autor cuenta cómo en ocasiones, con amigos o con una persona especial, ese vacío se vuelve más pequeño, o quizá se siente menos, pero no desaparece. Y nos esforzamos por hacerlo desaparecer, por llenarlo con cosas que no hacen sino agrandar más el hueco. 

No se puede hacer nada con ese vacío, pero este libro lejos de entristecer haciendo referencia a la imposibilidad de que el vacío desaparezca, tranquiliza porque hace presente que el vacío existe, tal y como existen los árboles o el cielo. Que solamente tenemos que aceptarlo y amarlo, como una parte inherente a nosotros. 


domingo, 22 de junio de 2025

Especulando sobre el Matrimonio Arnolfini

Mi última adquisición en la Feria del Libro ha sido un ensayo de Jean - Philipe Postel convertido en un libro de 161 páginas, El affaire Arnolfini.



En esta investigación sobre el cuadro de Van Eyck el autor, médico generalista de profesión, busca aplicar a una obra pictórica los métodos de observación clínica. 

Hay que reconocer que observa mucho, porque este autor, que lleva a su cita a la National Gallery de Londres, describe con minuciosidad hasta a los mimos que deleitan a los visitantes a la entrada del museo o el trabajo de los vigilantes de la sala 56, donde se encuentra el cuadro.

Convencido de que algo hay escondido en la obra de Van Eyk, se centra en la historia del cuadro, en las descripciones del inventario de los diversos dueños que tuvieron en su poder la obra y hasta en la etimología de la palabra Arnolfini. Por esas, llega a la conclusión de que el esposo del cuadro ha sido víctima de una infidelidad. Para hacer esta afirmación defiende que en la caja donde estaba guardado el cuadro hay grabadas unas frases de Ovidio que hacen referencia al engaño: "No economices el prometer, que al fin no arruina a nadie y todo el mundo puede ser rico en promesas". Además, analizando la palabra Arnolfini alega que San Arnulfo es el patrón de los cornudos.

Pero, analizando los símbolos de la pintura llega a otras conclusiones. En especial, cuando mira al espejo. El espejo no muestra lo mismo que se ve en el cuadro. No se ve el rostro de la mujer en el espejo, tan solo su ropa. Tampoco sale el perrito de esta. Y en su unión de manos aparece una sombra, una mancha negra. Es ahí cuando el autor recuerda la leyenda llamada "Una aventura de la tía Melanchton". Y es que la tía de Phillipe Melanchton vio a su difunto marido cuando ella estaba a punto de dar a luz. Y cuando este pidió que ella tocase su mano, no sintió ningún dolor, pero sí que se ennegreció su mano como si se hubiese quemado. Y se puso igual de negra que la del esposo Arnolfini. Así, Jean - Philippe Postel determina que la mujer del cuadro es una aparición venida del Purgatorio que le pide a su marido cridad y oraciones para acortar su pena. El marido, muerto de miedo, no la mira, pero si sujeta su mano y jura. 

El autor sostiene que la habitación está preparada para un parto, ya que está decorada de la misma manera que la princesa Aliénor, hija de Isabel de Portugal, aconseja a las nobles como debe estar amueblada su alcoba antes de dar a luz. Por otra parte, hay unas zapatillas rojas. Y esas no pueden venir del Purgatorio. Esas, tienen que ser de la nueva mujer del esposo Arnolfini, que no se encuentra en la pintura, pero que va a dar a luz. Ahí es cuando, Jean - Philippe Postel nos habla de Van Eyk y de su mujer Margarita, que le dio hijos. Y especula con que el esposo de la obra es Jan Van Eyk, la mujer que no se encuentra es Margarita y esta aparición es una mujer anterior. 

Leyendo este ensayo, me he dado cuenta que he conocido mucho más del ensayista que del cuadro. Cuando crees en algo, todos los objetos, ideas y frases que encuentras en torno a esa cosa te demuestran su veracidad, aunque eso que creas sea mentira. San Arnulfo no es el patrón de los cornudos sino de los cerveceros, es muy fácil sacar una conclusión infundada de las palabras de Ovidio; a Jean - Philippe le puede sonar a engaño y a mí me suena a que las promesas son baratas; la aventura de la tía Melanchton es un relato ficticio de Charles Nodier, por más que me esfuerzo no veo mancha alguna en el espejo y si a Van Eyk se le apareció su hipotética esposa muerta, este no tuvo la mano ennegrecida, o al menos no lo sabemos.

Al final, como la teoría de la Navaja Ockham bien dice, la opción más simple suele ser la correcta. Los que aparecen en el cuadro son Giovanni Arnolfini y su esposa. Están casados, a gusto y son felices. Sin embargo, yo también peco en esto de inventar teorías, y sí que me ha parecido muy interesante la comparación de cuadros de Van Eyk que hace Jean - Philippe Postel. En el libro hay una sección dedicadas a láminas de símbolos del cuadro del Matrimonio Arnolfini, así como otras pinturas de Van Eyk.






Hay elementos que se repiten en muchos de sus cuadros, las naranjas, las esculturas en forma de león, los animales domésticos, las zapatillas... y la figura de Santa Margarita. Y es que la mujer de Jan Van Eyk se llamaba Margaret y él estaba enamorado.


domingo, 18 de mayo de 2025

Recreando a Lope de Vega

 La Casa - Museo Lope de Vega ofrece visitas guiadas de martes a domingo de manera gratuita para todos los públicos. 

Situada en la Calle Cervantes  del madrileño Barrio de las Letras, esta casa que fue adquirida por el poeta y dramaturgo en 1610. Aunque la describía como "mi casilla, mi quietud, mi huertecillo y estudio..." este era un edificio bastante destacado para la época. En 1935, tras haber pasado de mano en mano y habiendo sido restaurado, el edificio se abrió al público y se declaró como monumento histórico - artístico.

Al haber pasado tantos años y vivido tanta gente, no se conservan los muebles de Lope, pero sí que se sabía como este literato vivía gracias a que lo contaba todo en sus obras. Desde cómo eran sus aposentos hasta qué desayunaba. Y gracias, a que, como los influencers de ahora, Lope compartía su rutina, se ha podido recrear su casa. 

Mientras los visitantes esperan a que sea la hora de la visita guiada disfrutan del jardín de Lope. Este, tiene las plantas que describía Lope y que él tanto amaba y cuidaba diariamente según sus versos:

"Que mi jardín más breve que cometa, tiene solo dos árboles, diez flores, dos parras, un naranjo, una mosqueta".

Y así, como explicaba Lope, su naranjo preside el jardín.


Subiendo, nos encontramos con el estudio de Lope. Un retrato nos muestra cómo era a la edad de 55 años. Es un sacerdote con aspecto atractivo que encandiló a muchas mujeres, teniendo diversas esposas y amantes así como 17 hijos. También hay que tener en cuenta que los retratos en aquella época eran como los filtros para embellecer las fotos que colgamos en nuestras redes sociales favoritas.

Sí, Lope se ordenó sacerdote y Góngora le dedicó estos malintencionados versos:

"Cura que en la vecindad vive con desenvoltura, ¿Para qué le llaman cura si es la misma enfermedad?"

Como podemos comprobar, no solo los cantantes de reggaeton se tiran beef, también lo hacían los escritores del siglo XVII.

Para hablar con sus colegas, Lope utilizaba también su estudio, vemos una obra de arte contemporáneo presidiendo el centro de las sillas, pertenece a la exposición Mutaciones, que tiene la intención de crear conversación a la vez que se visita la casa de Lope. En el siglo XVII no tendríamos esta escultura, sino un brasero.


Anexo al estudio, podemos ver la sala donde se reunían las mujeres y también la habitación de Lope, tal y como la describe, muy austera y con una cama verde. Esta no es muy grande porque, además de que la altura media en hombres en esa época era de 1,62 metros, no dormían del todo tumbados ya que asociaban esa posición a los difuntos, y lo hacían semisentados. Lope tenía una ventana en su habitación desde la que veía el oratorio, por si se encontraba enfermo poder rezarle a San Isidro desde su cama.

Las siguientes estancias que visitamos son el comedor y la cocina. Además de la hermosa cerámica de Puente del Arzobispo, descubrimos que a Lope lo que le gustaba desayunar eran torreznos con aguardiente. Sabemos estos detalles de la vida de Lope gracias a las cartas que este escribía a sus mecenas, como los Whats'App que nos enviamos contándoles la vida a nuestros mejores amigos. Anexa a estas dependencias está la habitación de sus hijas.


Subiendo las escaleras, encontramos una habitación muy peculiar, la de un invitado que Lope apenas conocía cuando este llegó. Y es que en esa época existía la ley de la Regalía de Aposento, por la cual los ciudadanos que vivieran en casas de más de tres plantas tenían la obligación de hospedar a los miembros del séquito real. Así, a Lope de Vega le tocó hospedar a Fray Alonso de Contreras, de quien se hizo muy amigo y en quien Pérez Reverte se inspiró para relatar las Aventuras del Capitán Alatriste.


Finalmente, tenemos la habitación de las criadas, cuyas camas son las únicas que no tienen dosel y la de los hijos de Lope, a los que, por desgracia, tuvo que enterrar su padre. 

Es muy interesante transportarse de esta manera al siglo XVII y descubrir, que aunque la vida era muy diferente, había algunas cosas que se parecen, en cierta manera, a cómo compartimos la vida y nos relacionamos.

 

miércoles, 16 de abril de 2025

Flow, un mundo que salvar

El cineasta letón Gints Zilbalodis se llevó el Óscar a la mejor película de animación con Flow, un mundo que salvar, un largometraje de 83 minutos en el que el mundo en el vive un gatito se inunda súbitamente. Aunque hay casas, objetos, templos, esculturas y barcos los humanos parecen haber desaparecido. Este felino deberá cooperar con otros animales, de las especies más variopintas, para salvarse

Además del misterio que caracteriza a esta cinta y que nos hace plantearnos preguntas como, ¿por qué ha habido una inundación? ¿Qué ha pasado con los humanos?¿por qué hay esculturas de gatos tan grandes?¿qué hacen juntos animales de países tan alejados? ¿por qué el agua viene y va? la mayor seña de identidad del filme es la ausencia de diálogos en lenguaje humano. Los animales hacen los sonidos propios que les caracterizan. Este hecho, les otorga realismo y les hace parecer más humanos, no son simples muñecos que hablan.

Merece la pena ir a ver Flow en el cine ya que está muy bien montada y realizada. Es un placer relajarse viendo los animales, el agua, los edificios y esculturas mientras no se piensa en nada.

Es una película de animación muy madura en la que todas las preguntas están abiertas a interpretación, permitiendo que el espectador sea un personaje más, ya que se sentirá identificado con los animales y con la evolución de cada uno de ellos. Responderá a las preguntas según su historia y percepción de la vida, siendo cualquier respuesta la correcta.

El final también genera mucho debate. ¿Es bueno? ¿Es malo? ¿Los animales se salvan?

También podemos buscarle una moraleja, como que no se puede controlar lo que pasa, pero sí que podemos cambiar para evolucionar y ayudar a nuestros compañeros en el viaje de la vida. Simplemente, tenemos que fluir.

A mí, personalmente, lo que me llama la atención es el título de la película. Flow, un mundo que salvar. Este título nos desvela que la película y sus protagonistas tienen un objetivo. No fluyen simplemente. El objetivo de salvarse.

¿Flow será el nombre de ese mundo?¿Del gato? El gato se puede salvar así mismo, ¿Pero, puede salvar el mundo?

Lo que parece es que la salvación de uno mismo es más fácil de controlar que la salvación de un mundo. Pero, también da la sensación de que el mundo se puede salvar sin que nosotros hagamos nada especial, sin embargo, para salvarnos a nosotros mismos debemos esforzarnos más, fluir, cambiar, evolucionar. Quizá para salvar el mundo, primero haya que salvarnos a nosotros mismos. El mundo se salva solo, pero el gatito para salvarse necesita evolucionar y también la ayuda de sus amigos.


jueves, 13 de marzo de 2025

La Gymkana del Arte en la Semana del Arte en Madrid

 Del 5 al 9 de marzo fue la Semana del Arte en Madrid. Las inauguraciones de las galerías fueron las protagonistas, siendo ARCO el reclamo para el público.

Pero, además de la feria del arte contemporáneo, los estudios del barrio de Tetuán abrieron sus puertas para que los madrileños pudieran descubrir los aspectos más íntimos del arte.

Peiper&peiper es un precioso estudio situado en la calle Federico Rubio y Galí que llama la atención por su gran ventanal. El antiguo Bar Sabino fue convertido en un centro que crea comunidad compartiendo la magia de la cultura a través de talleres de lectura, escritura creativa, y por supuesto, la pintura, llevando a los vecinos de la Dehesa de la Villa a dibujar al aire libre.

En Margarita Studios, Encarnación Vivanco nos deleitó con su historia de vida. Esta artista que había pasado de la pintura figurativa al arte abstracto, se había atrevido a realizar impresionantes tapices y esculturas de ganchillos. Esta mujer siempre ha querido traspasar los límites, sin tener que calificarse como figurativa o abstracta, más bien, queriendo ser una mezcla de ambas.


Gragra en un estudio situado en la calle Carnicer que más que por sus exposiciones destaca por el impresionante espacio que tiene dedicado a la impresión tipográfica y el relieve. Simplemente las máquinas son obras de arte.


Nébula es una auténtica galería de arte. Ofrecen comida a los visitantes del estudio, y hasta venden lámparas y relojes.


Por último, en la calle Olite tuvimos el placer de conocer Mil Studios. Se entra por un pasadizo dentro de un edificio madrileño que da a una auténtica vivienda convertida en estudio y galería. Era impresionante ver las obras de la artista en la cama o en la ducha. El arte traspasando la intimidad.


Por supuesto que ARCO tampoco podía faltar en esta gymkana del arte. Sin embargo, al estar todo lleno de lugares para hacerse fotos o para tomar el aperitivo, más que una de las pruebas de la gymkana, parecía la fiesta de después. En vez de ver el alma del arte, el punto más íntimo y vulnerable, se observa el ego del visitante o coleccionista que busca sacarse una foto con el Tesla de diamantes mientras se bebe un vinito. Lo que más me gustó de ARCO fue la foto de Marina Abraimovic que llora mientras ve como la feria más famosa del arte español sucumbe ante el capitalismo imperante. 





 

domingo, 16 de febrero de 2025

El sonido de Los Pilares de la Tierra

La aclamada novela de Ken Follet ambientada en la Inglaterra feudal del siglo XII ha sido adaptada a un musical producido por Iván Macías. Se puede ver en el teatro EDP de Gran Vía y las redes sociales anunciaban que era un plan perfecto para el día de San Valentín. Había que acudir a la cita.

Uno de los mejores consejos que me han dado nunca es la necesidad de leer la obra antes de ver el musical que está basado en ella. La novela del autor galés tiene 1040 páginas y yo tenía poco más de un mes para leerla, así que tomé una decisión propia de una joven que tiene una vida acelerada y cuyo uno de sus placeres culpables es amar la sociedad líquida actual; me escuché el audio libro. Tenía 46 horas de escucha y un mes por delante. Seguro que lo iba a conseguir.

Fue todo un descubrimiento, es un placer sentir la compañía de un buen libro mientras se realizan tareas cotidianas como ordenar la ropa o lavarse los dientes. Se siente como si el propio libro hablara a quien lo escucha, y es muy ameno oír las voces de los personajes interpretadas por el narrador. Es una nueva forma de imaginar, más teatralizada. Por otro lado, no se siente esa tranquilidad propia de pararse a leer ni la experiencia completa de viajar a otro mundo. Sin embargo, sí que se tiene una agradable sensación de control y productividad. Se consigue realizar todas tareas a la vez que se escucha un buen libro. Es un incentivo para limpiar o hacer ejercicio obteniendo como premio el placer de la buena literatura. Un analgésico para el estrés del día a día. 

Aún así llegué muy justa a terminar la lectura. Tengo que reconocer que aumenté la velocidad del discurso del narrador al 1,5. Es muy útil la posibilidad de cometer un sacrilegio así, tal y como es útil atiborrarse de café para no dormir en la víspera de un examen importante. Está bien tener la libertad de cometer esos pecados si no hay más remedio, pero que sean pocas veces en la vida.

Menos mal que me pude meter todo el libro, porque si la velocidad aumentada condesa la obra de Follet, la adaptación cantada lo hace aun más. Aunque es un placer escuchar la voz de Julio Morales, quien interpreta a Tom Builder, lo que me faltó en el musical fueron escenas y descripciones en las que se había hecho mucho hincapié en la novela. Es un libro muy gráfico en el que incluso se puede sentir asco por el retrato de algunas escenas sangrientas. En el musical no se percibía esa sensación de violencia que producía el libro ni tampoco esa pasión desgarradora de los enamorados. Aunque hay que decir que sí que se entienden mucho mejor las tramas históricas propias de la anarquía inglesa.

Si el sonido fue un elemento clave en mi experiencia con el audiolibro lo fue aun más cuando vi el musical. Los micrófonos dejaron de funcionar en mitad de la obra y estuvimos una hora esperando a que pudiesen solucionar el incidente. El mismísimo Iván Macías salió un par de veces a pedir disculpas y alegó que en Londres también habían tenido una incidencia técnica. El calor del teatro y la espera hicieron que la audiencia se quejara y silbara. Algunos hasta abandonaron sus asientos y salieron del teatro. Además, era San Valentín, un día para el que se esforzaron por llenar el teatro a través de publicidad y descuentos. Un día en el que las parejas se vuelven exigentes entre sí y también con el universo. Un día en el que todo debe ser perfecto y cualquier error se magnifica. Iván Macías con voz temblorosa dijo que lo habían conseguido solucionar ya que todo el equipo, elenco incluido, estuvo implicado en ello y aunque mereció la pena ver el final, una sensación de nerviosismo se apoderó de mí durante el resto de la obra porque no les volviera a ocurrir el fatal susto.

En algunos medios ya hablaron de los problemas de sonido de este espectáculo: "pésima calidad del sonido: radiofrecuencias que se anulan; micrófonos que fallan; mala respuesta de esos micrófonos, o mala ecualización (con un recorte de armónicos y de frecuencias que deja las voces tan opacas y desnaturalizadas como la del tapicero en su furgoneta), inexplicable sobreamplificación (todo suena atronador)…" puntualizaba Raúl Losánez en su crítica del 2 de noviembre en La Razón. En estos meses tendrían que haberle dado una vuelta a este tema ya que en un libro el sonido no es importante, pero sí que lo es en un musical. Es triste que el audiolibro supere en temas de sonido a una repreentación que está hecha para ser escuchada además de vista.

Aún así, ha sido todo un descubrimiento para mí tanto la novela como el musical y ha aumentado mi interés por novela histórica, un género que me entusiasmaba menos que otros.